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8 de enero de 2014

PROCESO: Peña, Velasco… El culto a la apariencia ¿Y MORENO VALLE?

Peña, Velasco… El culto a la apariencia:
Manuel Velasco se aproxima a Peña Nieto durante un encuentro con gobernadores. Foto: Octavio GómezHECTOR TAJONAR
8 DE ENERO DE 2014
ANÁLISIS

Manuel Velasco se aproxima a Peña Nieto durante un encuentro con gobernadores.
Foto: Octavio Gómez
MÉXICO, D.F. (Proceso).- En el inigualado Excélsior de Julio Scherer, así como en El estilo personal de gobernar (título al que aludí en mi colaboración anterior), Daniel Cosío Villegas señaló que Luis Echeverría tenía “la necesidad fisiológica de hablar”. Hoy sabemos que esa “fiebre verbal” del entonces mandatario, originada en una mezcla de megalomanía y demagogia, condujo a la catástrofe económica del país, resultado de la decisión presidencial de transformar el desarrollo estabilizador en “desarrollo compartido”; además de haber profundizado el autoritarismo político bajo la máscara del “diálogo” y la “autocrítica”, que culminó en el peor atentado contra la libertad de expresión en la historia del siglo XX mexicano: el golpe a Excélsior.

El mandato de Echeverría representó la cima del régimen que, tras una larga agonía, acaba de fenecer: el nacionalismo revolucionario. (La gestión de José López Portillo, quien se autonombró “el último presidente de la Revolución”, puede considerarse un epígono del echeverriato.) A primera vista, el gobierno de Enrique Peña Nieto, quien acaba de poner fin al último bastión ideológico del régimen surgido del levantamiento armado de 1910, representaría la antítesis del de Echeverría. Sin embargo, existe cierta semejanza entre los estilos de ambos gobernantes que conviene señalar, no sólo como ensayo de analogía histórica, sino para prevenir un desenlace similar al ocurrido hace 37 años.

Aparte de la divergencia de los proyectos de gobierno de los presidentes Echeverría y Peña, es claro que la pulsión rectora del actual mandatario no es la locuacidad. Sin embargo, ambos comparten una característica distintiva del partido que los llevó al poder: el culto a la apariencia. Se trata, es cierto, de una peculiaridad más de forma que de fondo, pero no por eso desdeñable, dado que como bien dijo otro distinguido priista: “en  política, la forma es fondo”.

El culto a la apariencia ha sido constitutivo del PRI desde el nacimiento de ésta hasta el presente. Con el fin de disimular su carácter de partido de Estado o de “partido casi único”, como lo llamó otro presidente salido de sus filas, se ha construido una “democracia de fachada” o “cuasi-democracia”, así definida por S.E. Finer, maestro de la Universidad de Oxford, en el apartado dedicado a la autocracia y la oligarquía de su libro Comparative Government (1970). Debido a la inconclusa transición a la democracia y al defectuoso pluralismo existente en el país, tal caracterización del régimen no ha perdido vigencia. El culto a la apariencia sigue siendo un instrumento de simulación política, como lo muestra la distancia entre la estructura institucional y su funcionamiento real, así como el amplio margen de incumplimiento de la ley que ubica al estado de derecho en un lejano futuro.

Cosío Villegas consideraba que “ningún otro presidente nuestro se ha expuesto tanto a la mirada pública” como Echeverría, debido a su “desmedido vigor físico y su inclinación irrefrenable a predicar”. Al mismo tiempo, el historiador criticaba el hecho de que la televisión había resultado absolutamente impermeable al espíritu democrático pregonado por dicho mandatario, quien mantuvo una relación tensa con Televisa e incluso intentó, sin éxito, nacionalizar el consorcio. En contraste, durante la campaña del actual presidente hubo una alianza abierta con la televisora, que no parece haberse fracturado pese a la reforma en materia de telecomunicaciones. No obstante esas diferencias, hay algo que no ha variado en las cuatro décadas que dividen a ambos gobiernos: la utilización del poder de la pantalla televisiva para promocionar la imagen presidencial (y, ahora, la de los aspirantes a ese cargo).

Antes, los concesionarios de la televisión confesaban públicamente ser “soldados del presidente”. Hoy, la comunidad de intereses entre el poder político y el mediático es un secreto a voces que se ha intentado mantener oculto, tratándose de un amasiato de conveniencia en el que ambas partes se han beneficiado del “negocio de la democracia”. Más allá de esas diferencias, la televisión sigue siendo el instrumento idóneo para el cultivo de la apariencia.

En México y en otras partes del mundo, la mercadotecnia política ha alcanzado su máxima meta: “vender” a un presidente. La táctica publicitaria retratada por Joe McGinniss en su libro The Selling of the President (en el que narra la victoria de Richard Nixon en la elección presidencial de 1968 en Estados Unidos, gracias a la “venta” del candidato republicano a través de la televisión) se convirtió en el paradigma de la estrategia de comunicación de la campaña presidencial de Peña Nieto, iniciada desde su ascenso a la gubernatura del Estado de México.

Dicha táctica se ha convertido en la biblia de todo gobernador que aspire a ostentar la máxima responsabilidad política del país, sin distingo de partidos o “ideologías”. Como lo expuso Miguel Ángel Granados Chapa en su devastador artículo Enrique Ebrard, Marcelo Peña (Reforma, 13 de octubre de 2011), en su aspiración por lograr la candidatura del PRD a la Presidencia, el exjefe de Gobierno del Distrito Federal siguió a pie juntillas la fórmula usada por el exgobernador del Estado de México para convertirse en el candidato del PRI en dicha contienda. “El efecto de esa creciente exposición pública es la creación artificial de una figura que busca convertir esa apariencia en realidad”, escribió el colaborador y fundador de Proceso.

Los mismos pasos ha seguido Manuel Velasco Coello, gobernador de Chiapas que, poseído por una desmedida autocomplacencia pueril, ha gastado una millonada en su disparatada campaña publicitaria para promover su imagen, aprovechando la presentación de su primer informe de gobierno, con miras a convertirse en presidente de México. Casos similares son los de los gobernadores del Estado de México y de Puebla.

Poco parece importar a las autoridades electorales del país que la promoción personalizada de dichos funcionarios, al igual que la compra de espacios publicitarios, sean contrarias a la letra y al espíritu de los artículos 41 y 134 de la Constitución, o que se trastoque la equidad de la contienda presidencial. Todos ellos son ejemplos flagrantes del abismo que separa a las instituciones y leyes de la realidad política del país. Al parecer, nadie puede ni quiere detener la vorágine despilfarradora a la que conduce el culto a la apariencia.

Más que en ningún otro momento de la historia, actualmente vivimos un mundo de apariencias en el cual la realidad verdadera ha sido desplazada por la del fingimiento. En el ámbito político, lo mismo que en el social y personal, importa más cómo se es percibido que el ser real. El ser ha sido sustituido por el disimulo y el histrionismo. La humanidad se ha vuelto presa de lo que, parafraseando a Kundera, podemos llamar la insoportable liviandad del parecer.

El culto a la apariencia corrompe el lenguaje, la ley y la moral pública. Ese fenómeno, característico de la era de la ligereza en que vivimos, conduce indefectiblemente a la demagogia y al mal gobierno. En ese contexto de ilegalidad e impunidad se empezarán a elaborar las leyes secundarias de las reformas emprendidas por el presidente Enrique Peña Nieto. Veremos los resultados.
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14 de diciembre de 2013

Lorenzo Meyer: LA PROFECÍA

English: A cropped picture of Ernesto Zedillo,...





AGENDA CIUDADANAAuge y caída de una idea

Lorenzo Meyer
12 Dic. 13

LA PROFECÍA

En su temprano papel de profeta, Daniel Cosío Villegas concluyó en su ensayo "La crisis de México" (Cuadernos Americanos, 1947) que si el régimen postrevolucionario mexicano no se obligaba a superar el proceso de decadencia política en que había entrado -y su crisis moral equivalía a la crisis del país-, entonces la clase dirigente mexicana optaría por Estados Unidos como tabla de salvación y "...confiar sus problemas mayores a la inspiración, la imitación y la sumisión a Estados Unidos, no sólo por vecino rico y poderoso, sino porque ha tenido un éxito que nosotros no hemos sabido alcanzar" (edición Clío, 1997, p. 40). Y en verdad que desde entonces la clase política mexicana debió "confiar sus problemas" a la norteamericana: ahí están los constantes préstamos pedidos por Miguel Alemán al Eximbank, los "rescates" a los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo con fondos norteamericanos directos e indirectos, el "Entendimiento Marco" sobre comercio e inversión de 1987 con Estados Unidos, la firma del TLCAN para apoyar a un Carlos Salinas con el fraude 1988 a cuestas pero neoliberal, el préstamo a Ernesto Zedillo tras el "error de diciembre", la "Iniciativa Mérida" para ayudar al gobierno de Felipe Calderón y ahora, la reforma a la Constitución para intentar que las grandes empresas norteamericanas y europeas "salven" a una clase política en ruinas pero que paga con petróleo.

Cosío preveía que el costo de tal ayuda implicaría "el proceso del sacrificio de la nacionalidad, y, lo que es más grave aún, de la seguridad, del dominio y de la dicha que se consigue quien ha labrado su propio destino" (pp. 40-41).



LABRAR EL DESTINO

La razón última de la política petrolera de la Revolución Mexicana, iniciada por Madero y llevada a su punto más alto por Lázaro Cárdenas, es justamente eso que destacó Cosío Villegas: la voluntad de México de labrar su propio destino nacional. El ideal detrás de la hazaña de 1938 -la expropiación de las petroleras extranjeras- no fue sólo que el gobierno mexicano pudiera aumentar su participación en la renta petrolera. La idea no era tan simple como extraer y vender todo lo que se pudiera de ese recurso no renovable, sino sólo el necesario para darle la energía física y en condiciones óptimas a un proyecto nacional, aspiración que en su núcleo duro buscaba tres cosas: hacer de México una economía que superara el subdesarrollo, alcanzar y sostener el mayor grado posible de soberanía frente al poderoso vecino norteamericano y crear una sociedad menos injusta, más solidaria. A nivel del gobierno, ese proyecto hoy está muerto.

El uso de la riqueza petrolera se empezó a desvirtuar en grande cuando el legado cardenista comenzó a ser corroído por la corrupción. Pero se dio un paso gigantesco en la dirección errada cuando López Portillo quiso salvar el sistema autoritario -ese que le llevó a ganar con el 100% de los votos en 1976- petrolizando la economía. El petróleo propició el aumento exponencial de la deuda externa y sus recursos se evaporaron como agua en los sexenios venideros. Hoy se argumenta que la inversión externa es indispensable para sacar adelante a nuestra industria petrolera, a la que, según el director de Pemex, le urgen 60 mil millones de dólares para ponerse al día en tecnología (El País, 9 de diciembre). Bueno, pues en 2005 los ingresos petroleros fueron superiores a ese monto, superaron los 70 mil millones de dólares, pero en buena medida se invirtieron no en lo importante sino en gasto corriente, en el apaciguamiento de los gobernadores -la mayoría priistas- o a los grandes sindicatos (Rocío Moreno, Ingresos petroleros y gasto público, México: Fundar, 2006, pp. 11, 21, 24-26).



LA CAÍDA DEL ÚLTIMO GRAN PROYECTO

La entrega de la explotación y procesamiento de nuestros hidrocarburos al gran capital externo es, en su sentido profundo, el retorno del pasado, del modelo anterior a 1938, aunque en condiciones muy distintas, pues ya no hay la inocencia de entonces. Hoy todos los actores que están involucrados en esta política que se propone, en palabras de Cosío Villegas, abandonar "la seguridad, del dominio y de la dicha que se consigue quien ha labrado su propio destino" optaron por la salida fácil: nada de combatir la corrupción, nada de hacer una real reforma fiscal, nada de intentar nosotros mismos remediar nuestros grandes males. Es mejor que vengan de fuera los "salvadores" que, por definición, no pueden estar interesados en salvarnos sino en explotarnos, para eso nacieron.

No deja de ser irónico que el PAN, el partido que apareció para combatir a Cárdenas y a su herencia y que fracasó rotundamente cuando llegó a la Presidencia, sea hoy el protagonista que el PRI actual eligiera usar como espolón de proa para acabar con lo último y lo más grande que quedaba de ese magnífico y generoso proyecto nacional que fue el cardenista.

La crisis de México sigue siendo moral pero ha llegado más lejos de lo que hace 66 años imaginó Cosío Villegas.






"Vivimos entre la inconsciencia de los pobres, la insensibilidad de los ricos y la frivolidad de la clase media. "Pedro Miguel, Navegaciones








" La Ignorancia y la Indiferencia eternizan nuestra esclavitud”
- Ricardo Flores Magón -







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29 de agosto de 2013

Lorenzo Meyer: ...dejando de ser México

English: Mexican president José López Portillo...

Lorenzo Meyer: '...dejando de ser México' - Terra México:
PROFECÍA

En la conclusión de su célebre ensayo de 1947, "La crisis de México" (Cuadernos Americanos, Año VI, 6, marzo, 1947), Daniel Cosío Villegas advirtió que México iría a la deriva de no reconocerse -y remediarse- la crisis política y moral en que había caído al iniciarse la consolidación del régimen que había sustituido al porfirista. La crisis en cuestión -que muchos negaron- era resultado del agotamiento de las metas de la Revolución Mexicana. Y es que se había llegado al punto "que el término mismo de revolución carece ya de sentido". México tenía que renovar el compromiso con el proyecto de un país más justo o iría a la deriva.

De no superarse la crisis, advirtió Cosío, y como último recurso, México podría intentar "confiar su porvenir a Estados Unidos". Esa decisión quizá podría resolver algunos de sus problemas de índole económica, pero en "la justa medida en que su vida venga de fuera" México dejaría de ser México.

Cosío no ahondó en el contenido de su profecía. Sin embargo, 66 años más tarde, ya estamos en posibilidad de hacerlo mediante el simple método de registrar y evaluar lo que ha significado el "confiar" la solución de algunos de nuestros grandes problemas a las directrices y soluciones propuestas por, o negociadas con, Estados Unidos.

PRIMERA LLAMADA

Como Presidente, Miguel Alemán (1946-1952) se mostró bastante obsequioso frente a Washington pero sin llegar a aceptar abrir plenamente la economía mexicana al capital y al comercio con el vecino del norte. Con altas y bajas en los siguientes cinco sexenios la semiindependencia alcanzada para México por su revolución se mantuvo. Sin embargo, las crisis económicas de finales de los sexenios presididos por Luis Echeverría y José López Portillo acabaron con lo que quedaba del proyecto mexicano. La siguiente crisis -la política, resultado del fraude electoral de 1988- llevó a que el grupo dirigente encabezado por Carlos Salinas optara por intercambiar la relativa independencia económica mexicana basada en el débil mercado interno por la preservación del dominio priista sobre el sistema político. Fue entonces cuando se empezó a cumplir el pronóstico de Cosío Villegas, pues Salinas optó por "confiar su porvenir a Estados Unidos", aunque al hacerlo comprometió al país a un aumento de su dependencia respecto del vecino del norte.

La propuesta que hizo Salinas a Estados Unidos para negociar un tratado de libre comercio (TLCAN) no fue otra cosa que un intento por encontrar en el país vecino el apoyo y la energía que ya no se querían buscar internamente, pues hacerlo implicaba el desmantelamiento de la Presidencia sin contrapesos, el fin del partido de Estado, la modificación del sistema fiscal, de la distribución del ingreso y de la estructura social. En suma, requería un cambio de régimen y donde los ganadores y los perdedores ya no serían los de siempre.

A cambio de clausurar la era del "nacionalismo revolucionario", Salinas prometió la recuperación del notable ritmo de crecimiento que había caracterizado los años 1950 y 1960 pero con nuevas bases, lo que permitiría que México ingresara al exclusivo grupo de los países desarrollados. Al final, lo prometido se quedó en deuda. El PIB salinista fue de apenas 2.31% anual en promedio y en el siguiente sexenio de 1.87%. Pero lo que sí ocurrió fue que México perdió la relativa autonomía que había alcanzado bajo el cardenismo.

SEGUNDA LLAMADA

El cambio de partido en la Presidencia en el año 2000 no modificó la situación heredada de dependencia económica de Estados Unidos. Al contrario, la afianzó.

Vicente Fox intentó un gran acuerdo migratorio con Estados Unidos que complementara el TLCAN y legalizara la presencia de los millones de trabajadores mexicanos indocumentados en ese país. Y es que la "exportación" de mano de obra se había convertido en una fuente indispensable de divisas para el nuevo modelo económico mexicano. Sin embargo, Estados Unidos ya no pudo o no quiso aceptar la propuesta de Fox, los indocumentados se quedaron en un limbo legal en ese país y se les convirtió en un problema político.

A las dificultades causadas por el mal desempeño de una economía ya apegada a los cánones del "Consenso de Washington", se sumó la agudización del desafío lanzado al gobierno y a la sociedad mexicana por la parte más dura del crimen organizado: los cárteles del narcotráfico. Y fue en este campo que la dirigencia volvió a confiar el porvenir a Estados Unidos.

Ante la decisión de centrar su sexenio en una guerra contra el narcotráfico, a pesar de sus instituciones corrompidas e ineficientes, Felipe Calderón decidió que el éxito imaginado sólo podría lograrse con un apoyo sin precedentes de Estados Unidos. De ahí la propuesta en 2007 de negociar la llamada "Iniciativa Mérida" (IM) que empezó a funcionar en 2009. Desde la perspectiva oficial, la IM buscó, entre otras cosas, que el gobierno norteamericano asistiera al mexicano para profesionalizar a la policía, aumentar la capacidad de las Fuerzas Armadas, llevar adelante una reforma judicial y penitenciaria, reforzar su estructura de información, mejorar la seguridad fronteriza y fomentar "una cultura de la legalidad". En la práctica, México abrió como nunca su sistema de seguridad al escrutinio e influencia norteamericana y la dependencia estructural de la economía se amplió a la seguridad. Finalmente, tampoco dio resultado esta búsqueda de la salvación en Estados Unidos. Cuando el PRI retornó a "Los Pinos" en 2012, la guerra contra el narcotráfico seguía sin ganarse aunque ya se tenía un Memorial de Víctimas de la Violencia. De acuerdo con CIDAC, "Durante la gestión de Felipe Calderón de 2007 a 2012, los homicidios dolosos per cápita aumentaron en más de 65%, mientras que los secuestros se incrementaron en 250% y las extorsiones en 94%" (8 Delitos Primero, Índice Delictivo CIDAC, 2013).

Difícil saber cuándo y cómo resolveremos el problema de la inseguridad y la violencia en México, pero confiar su solución a Estados Unidos no funcionó.

TERCERA LLAMADA

El TLCAN lleva funcionando ya 19 años y la economía mexicana va de mal en peor -el pronóstico para este año es que crecerá apenas un miserable 1.8%. Es en estas condiciones que se propone un nuevo llamado a Estados Unidos, aunque indirecto: pedirle a las grandes empresas petroleras extranjeras que acudan a explotar los yacimientos de petróleo que México expropió y nacionalizó en 1938. De acuerdo con Peña Nieto, si se modifica la Constitución y las empresas extranjeras acuden a su llamado, el sector energético será poderoso motor de la economía, la producción y las reservas de petróleo aumentarán, bajarán los precios de los energéticos, se crearán cientos de miles de empleos, se recuperará la seguridad energética, etcétera.

LA REALIDAD

Ya debería haber quedado claro: cada vez que la clase política mexicana contemporánea ha buscado la salvación en Estados Unidos, el resultado ha quedado muy por debajo de sus expectativas, pero en cada intento, como lo vaticinó Cosío Villegas, México ha perdido algo de lo que pretendía ser. A estas alturas debiera ser evidente que lo que no hagamos y logremos por nosotros mismos, el exterior no nos lo dará.

(Nota. El 5 de septiembre, en El Colegio de México, a las doce del día, habrá un seminario abierto con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en torno a la reforma energética).
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17 de diciembre de 2012

El Presidente de México es sólo un empleado de la élite dominante, un pelele, mera escenografía, dice AMLO

El Presidente de México “es sólo un empleado de la élite dominante, un pelele, mera escenografía”, dice AMLO:
Andrés Manuel López Obrador, ex candidato presidencial de las izquierdas y líder del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), dijo esta mañana en su cuenta de Twitter que el Presidente de la República en México es sólo un empleado de la élite dominante, “un pelele, una persona cuya utilidad es meramente escenográfica”. 

“Un rasgo característico del actual régimen oligárquico, es que en el ejercicio de sus funciones, el Presidente de la República es un subordinado y sus facultades se reducen a la formalidad. Ahora quien ocupa ese cargo, no es más que un empleado de la élite dominante, un pelele, una persona cuya utilidad es meramente escenográfica. ¿O no es acaso eso [Enrique] Peña Nieto?”, cuestionó. 

22 de abril de 2012

Los mercaderes del silencio, salvando a EPN de su ignorancia JOHN M. ACKERMAN

Los mercaderes del silencio
JOHN M. ACKERMAN
2012-04-21 06:50:49 · COMENTARIOS DESACTIVADOS
EDICION MEXICO

No sorprende que Enrique Peña Nieto no se anime a debatir con sus contrincantes. Es un candidato débil, sin mayor preparación intelectual y con un largo historial negro como gobernador del Estado de México. Los debates adicionales con sus rivales solamente le podrían restar puntos, ya que serían la perfecta oportunidad para que Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador exhibieran los múltiples defectos del candidato que hoy encabeza las encuestas.
Tampoco sorprende que los dueños de los principales medios electrónicos de comunicación no tengan interés en fomentar el intercambio de ideas. La mayoría apoyan a Peña Nieto y no quieren quedar mal con quien ya ven como el próximo presidente de la República. Estos mismos empresarios que desde hace años han vendido y regalado entrevistas y cobertura mediática al hoy exgobernador del Estado de México ahora han encontrado un jugoso nuevo producto para comercializar: el silencio.