| El Papa Benedicto XVI y Felipe Calderón en Guanajuato. Foto: Miguel Dimayuga |
MÉXICO, D.F. (apro).- “Es desconcertante saber que el mafioso mientras dispara y mata invoca a Dios”, dice el historiador, político y estudioso de las mafias italianas, Isaia Sales, en su libro Los curas y la mafia.
La cita viene a colación por la visita del papa Benedicto XVI a México y, por supuesto, por el certero comentario del obispo de Saltillo, Raúl Vera, quien dijo que el presidente Felipe “Calderón acudirá a misa con una cola de 60 mil muertos”.
Durante la misa que oficiará el sumo pontífice, seguramente el principal responsable de los ríos de sangre y odio que corren por los poblados de casi todo el país, rezará y comulgará para “recibir el cuerpo de Cristo”.
Entonces Calderón se arrodillará ante el Papa, como lo ha hecho ante su secretario de Seguridad Pública que, como su jefe, violenta la ley, ordena montajes para cambiar la realidad y envía a jóvenes policías como carne de cañón para que se enfrenten al crimen organizado.
Calderón, con sus manos manchadas de sangre (literalmente hablando), se persignará ante el sucesor de San Pedro y hablará de “paz” cuando fue él quien mantiene esta guerra teniendo como estrategia al Ejército en las calles.
La cita viene a colación por la visita del papa Benedicto XVI a México y, por supuesto, por el certero comentario del obispo de Saltillo, Raúl Vera, quien dijo que el presidente Felipe “Calderón acudirá a misa con una cola de 60 mil muertos”.
Durante la misa que oficiará el sumo pontífice, seguramente el principal responsable de los ríos de sangre y odio que corren por los poblados de casi todo el país, rezará y comulgará para “recibir el cuerpo de Cristo”.
Entonces Calderón se arrodillará ante el Papa, como lo ha hecho ante su secretario de Seguridad Pública que, como su jefe, violenta la ley, ordena montajes para cambiar la realidad y envía a jóvenes policías como carne de cañón para que se enfrenten al crimen organizado.
Calderón, con sus manos manchadas de sangre (literalmente hablando), se persignará ante el sucesor de San Pedro y hablará de “paz” cuando fue él quien mantiene esta guerra teniendo como estrategia al Ejército en las calles.