| apoyos de peña nieto (Photo credit: trianero2) |
¿Cuantos funerales faltan?
La pregunta no es cuántos días le quedan a la administración calderonista, sino cuántos funerales faltan. Con broche de plomo cierra el sexenio.
El autoelogio es el balance de la gestión calderonista, pero la realidad -y la realidad, en estos días, es sinónimo de calamidad- se encarga de poner en su lugar al mandarín y exhibir el desastre que deja por herencia. Muerte sin fin, impunidad inagotable, violencia extrema, ingobernabilidad, secuestro de libertades y derechos y la peor de las certezas: el término de su sexenio no supone el fin de la tragedia.
La caída del telón no podía ser otra. Desde los primeros días, el mandatario renunció a su vocación política para aficionarse por la guerra y, como un aprendiz de brujo, se aventuró en ella creyéndose un gran estratega. No se va un presidente de la República sino un comandante supremo perdido en su laberinto, impedido a declarar: tengo las manos limpias.