COLUMNAS, Villamil en Sinembargo - 27 comentarios
Con ostentosa promoción que recordó el inicio del Programa Nacional de Solidaridad en el salinismo, Enrique Peña Nieto anunció en enero el inicio de una Cruzada Nacional contra el Hambre que afecta a más de 7.4 millones de mexicanos en situación de pobreza. El plan se lanzó en el municipio de Las Margaritas, Chiapas, bastión del movimiento zapatista en 1994, y el principal promotor fue el propio Presidente de la República. La Secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, quedó relegada a un segundo plano mediático.
Ahora, en vísperas del arranque de la famosa cruzada, el hambre de millones de mexicanos se transforma no en una batalla sino en un pretexto más para la promoción gubernamental, una campaña de relaciones públicas que incluye al ex mandatario brasileño Luis Ignacio Lula da Silva y, por supuesto, convenios con poderosas trasnacionales como Pepsico y Nestlé que se suman a la campaña.
En estricto sentido, la misma “cruzada” tiene poca similitud con los programas Hambre Cero y Bolsa de Familia que aplicó el gobierno de Lula en Brasil y se asemeja cada vez más en otro programa público-privado que servirá para hacer convenios con estos consorcios que bastante responsabilidad tienen en el problema de la desnutrición y la obesidad infantiles en nuestro país.
FUENTE: http://www.sinembargo.mx/opinion/11-04-2013/13706
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