| Fecal Heroles y el criminal Romero Deschamps (Photo credit: trianero2) |
| English: Cropped picture of Carlos Salinas de Gortari, president of Mexico (1988-1994). Español: Fotografía recortada de Carlos Salinas de Gortari, presidente de México (1988-1994). (Photo credit: Wikipedia) |
Por: Jenaro Villamil - febrero 14 de 2013 - 0:01
COLUMNAS, Villamil en Sinembargo - 10 comentarios
Un singular paralelismo existe entre el inicio de la administración de Enrique Peña Nieto y la de Carlos Salinas de Gortari: ambos necesitan enfrentar no sólo a las disidencias reales que se articularon en contra de su llegada a la Presidencia sino a los poderes corporativos más importantes que obstaculizan proyectos y negocios más ambiciosos en su sexenio.
El poder de Salinas se inauguró con el quinazo que destronó a Joaquín Hernández Galicia al frente del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana. El quinismo se convirtió en una profesión de fe y en una extensa y compleja red de intereses y negocios al interior de la principal paraestatal en México. Fueron adversarios durante toda la campaña de 1988, tanto que la impresión y distribución del libelo Un Asesino en la Presidencia se le atribuyó a “La Quina”.
“La Quina” se fue, su poder se desmanteló y lo encarcelaron, pero no se democratizó el sindicato. Por el contrario, el autoritarismo de la élite sindical se agudizó. Llegó Sebastián Guzmán Cabrera, un líder de papel, dócil al proyecto modernizador de Pemex que aplicó el salinismo. Y en 1996, en pleno sexenio zedillista, se encumbró Carlos Romero Deschamps, que en 16 años acumuló poder, dinero y fuero: tres veces diputado federal, dos veces senador, dueño de una fortuna incalculable.
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http://www.sinembargo.mx/opinion/14-02-2013/12556
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