26 de noviembre de 2011

Manú Dornbierer: Contraofensiva cultural de Acapulco

Manú Dornbierer: Contraofensiva cultural de Acapulco:
Manú Dornbierer
Manú Dornbierer



Contra la “maña” y otras mafias unidas, dentro y fuera del poder, contra la violencia y la desesperanza, contra los balazos en el horizonte cercano, contra el miedo, contra el mal gobierno a todos los niveles, contra el abandono y la mala reputación del puerto, contra la generalizada falta de dinero, contra las fotos terribles en los diarios, contra el secuestro, contra el cierre de lugares queridos, contra la traición a la ciudadanía que paga en carne propia, contra el éxodo, hay pocos antídotos pero el más eficaz es la cultura. En lo más profundo de sí misma, la gente lo sabe y tarde o temprano se rebela y busca ese algo más que en las peores circunstancias emana luz. Ángel Aguirre, gobernador de Guerrero por 2ª vez (fue interino a raíz del desafuero de Rubén Figueroa Alcocer por su probada responsabilidad en la matanza de Aguas Blancas el 28 de junio de 1995) es un hombre que entiende la gran utilidad de la cultura en la función de gobernar y por supuesto en el desarrollo de un pueblo, así su ex partido el PRI haya mantenido a los mexicanos con el cerebro acotado, endoctrinados, durante más de 70 años. Uno de los primeros actos de aquel interinato fue abrir las puertas de Guerrero al director de orquesta Eduardo Álvarez, ergo a la Gran Música. Desde su creación en 1998 la Orquesta Filarmónica de Acapulco ha culturizado a cientos de miles de guerrerenses, desde los que asisten en Acapulco a los ya clásicos conciertos de los viernes en el teatro Juan Ruiz de Alarcón hasta a la gente que en los pueblos ya se ha aficionado al exquisito sonido que la Filarmónica de Acapulco no reserva para citadinos y visitantes refinados. Y es que Eduardo Álvarez su creador y director no sólo formó una orquesta, una gran orquesta, sino que su vocación mística de compartir con el público lo llevan a abrir el mundo no sólo de la música sino de los músicos. En mangas de camisa presenta a sus compositores preferidos de todos los siglos como si anduvieran por ahí, relata anécdotas de sus vidas, explica antes de ponerse el frac de director, los pormenores de lo que escucharemos en unos minutos. Concierto tras concierto, al regalo de la música precede un acto de amorosa (no le tengan miedo a la palabra) culturización al relatarnos con sencillez la historia de los genios. Y esta ventana cultural que brinda a todos no es cualquier en un país en que la educación se describe como “Terrible Problema”. El 22 de noviembre, Día de los Músicos, la Orquesta Filarmónica de Acapulco celebró tocando en la Base Naval de Icacos la Obertura 1812 de Tchaikovsky, una de las Siete Maravillas Musicales del Mundo. En la más tibia y exquisita noche acapulqueña, en espera del buque escuela Cuauhtémoc, un auditorio puede transportarse en la mágica maquina del tiempo y del espacio al Otoño-Invierno ruso de hace dos siglos, Napoleón Bonaparte, el libertario, cree que va de paseo a Moscú… Pero antes, tocó magistralmente la orquesta durante 15 minutos “La Victoria de Wellington” de Beethoven, con la popular cantilena de Malbrough se va a la guerra (Mambrú se fue a la guerra por la pronunciación española) y algunos rotundos disparos de un verdadero cañón de la Base porque 193 son los que previó y escribió Beethoven en la partitura de su pintoresca y traviesa sinfonía. Experiencias culturales como ésta se viven en Acapulco que no sólo “sun, sand & sex”. Felicidades y gracias OFA. 



DESPUÉS DE LAS TORMENTAS. El verano resultó lluvioso como pocos en un Acapulco que no acababa de convalecer de las tormentas de las detestables campañas políticas. Noche tras noche el cielo se enojaba contra tanta estupidez humana. Rayos y centellas impresionantes despedía Zeus sobre la bahía. Y para no mojarse o no morir por alguna bala perdida, la gente se encerró o se fue. La “maña” reinó en el verano en este puerto. La dejaron hacer lo que quiso. Casi no hubo más actividad que la suya. No queremos verlos en la calle después de la 10:00 de la noche, avisaba a la gente de Costa Azul. La única ventaja para los que decidimos quedarnos contra viento y marea fue que desapareció por semanas el insoportable tránsito de vehículos, que mejorará dicen con el Acabus. Pero ¿quién quiere la paz de los sepulcros? Y llegó el otoño, el inicio de la temporada alta con el mejor clima del mundo, siempre maravillosa climáticamente hablando, cuando las playas naturales de Acapulco se ríen de las artificiales de Cancún. El Pacífico nunca es más azul que en esta época. Y la inteligencia y el arte contraatacan a la inaudita corrupción. El Instituto Guerrerense de Cultura que dirige con gran creatividad, dinamismo y ojos brillantes Alejandra Frausto brinda a todos los que tengan la suerte de estar en Acapulco en esta temporada la posibilidad de gozar la exposición de la obra escultórica de Leonora Carrington, la artista inglesa surrealista (1917-2011) sobre la que publicó Elena Poniatowska un libro trepidante, deslumbrante. Ojalá venga Elena a presentarlo aquí antes de que se vaya la exposición a principios de enero… a hacer las delicias de otros. Usualmente la obra de Leonora se encuentra en “El Estanquillo”, ese museo precioso de Carlos Monsiváis en un sitio histórico de la ciudad de México, el de la antigua Joyería la Esmeralda en Madero e Isabel la Católica, que ya le escrituró el gobierno d el DF al citado museo. La soberbia exposición es resultado de 25 años de trabajo de su promotor, Isaac Masri. Felicidades. Se aprovechó la exposición para inaugurar el enorme cubo de cristal que es la nueva galería de la Casa de la Cultura, no muy del estilo polinesio del conjunto donado a Acapulco por el millonario alemán Wolf Schoenborn y su esposa estadunidense Florine. Pero en fin es espectacular. CINE. CINE. CINE El cine, desde la Reseña Cinematográfica de los años 60, ha sido un gran atractivo de Acapulco. Su sede era el Fuerte de San Diego que volvía locos de emoción a todos los visitantes porque no es lo mismo ir a la mayor fortaleza militar de América Latina, con una magia increíble, en medio de la magnífica bahía, que a un teatro cerrado y solemne como el Foro Imperial para cinco mil personas que nunca se llena en eventos como éste. Ahí se inauguró la 7ª versión del FICA, Festival Internacional de Cine de Acapulco, que dirige Víctor Sotomayor. El sabor y la clase no se improvisan y la madrina Sofía Loren y el padrino Alain Delon merecían (y hubieran disfrutado) el Fuerte de San Diego. También el público de Acapulco. El cine francés ha estado siempre presente con sus festivales. Este año hubo dos. El Festival ya entrañable que organiza la Alianza Francesa y el Tour del Cine Francés. Las películas fueron excelentes. “Mi parte del pastel “fue a mi juicio la de mayor actualidad. Una denuncia del detestable neoliberalismo. Volviendo al FICA. Ha subido mucho y ha sido, digamos adoptado, por el gobierno estatal. Tiene formatos interesantes. Hay eventos en las playas como “El aquí se filmó”. Recuerda los tiempos en que Acapulco era un soberbio set cinematográfico. En este diseño se dio el gran homenaje a Cantinflas. Se exhibieron sus películas y entre ellas “El Bolero de Raquel”. Esa bonita Raquel fue interpretada por una amiga mía que quiero mucho, Manola Saavedra que también vive en Acapulco, pero que por razones de salud no quiso trasladarse a la playa de Caleta a reencontrarse con sí misma. Hubo muchos foros en esta ocasión. 30% de la programación fue gratuita. Tres sedes de cine estuvieron al aire libre con 16 funciones en playas o plazas públicas. Entre los films participantes hubo 9 películas de la muestra internacional de la Cinética Nacional. En fin fue este festival una gran compensación para los habitantes de Acapulco que tanto sufrieron (unos más, unos menos) en meses pasados y para los visitantes que tuvieron que privarse por la situación angustiante de inseguridad, de venir a este puerto que sigue siendo el favorito de muchos, no obstante todos los bajos ataques de sus competidores en el mundo que no son nuevos y todos los errores que aquí se han cometido, hay que reconocerlo. Hoy soldados, marinos y policía federal que más vale que se comporten debidamente, son parte utilitaria del paisaje. Una pregunta para el IFAI (sin trámites engorrosos) ¿De quién es Cinépolis? Se sabía que la cadena pertenecía antes a una familia mexicana. Se dijo después que era uno de los grandes negocios que los Bush tienen en este país. Y como a mí me da erisipela el apellido, solicito información, por favor. OTROS SUPERSHOWS. El fin de semana de la Revolución fue especialmente diseñado para el reencuentro de Acapulco y sus fans de México y del mundo. Hubo show aéreo, funciones de box entre otros espectáculos. En semanas anteriores los jóvenes locales y los visitantes roqueros bailaron desenfrenados y felices en las playas y menudearon los fuegos artificiales. Sería injusto no mencionar el esfuerzo anterior del Festival de la Nao, que dirige acertadamente MariTrini Suthowitzki. Tuvo grandes momentos, Tania Libertad cantando con la OFA estuvo sensacional. Y aún tiene el Instituto guerrerense de la Cultura mucho más… El puerto está haciendo el gran esfuerzo, ciudadanía y gobiernos, para no dejarse caer en manos de las mafias, para rescatarse para sí mismo y para los visitantes que lo quieren. Podrán volver a sentirse felices en casa. No tengan miedo. Vengan con alegría al más conocido puerto mexicano y verán como se vuelve a inventar. Más le queda al rico cuando empobrece que al pobre cuando enriquece.


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