
Y ambos se ven hoy expresados en esos dos conjuntos de muestras electorales. Se trata, de un lado, de la fabricación de un candidato realizado a fuego lento por Televisa y seguidores y, por el otro, de la creación, crecimiento y multiplicación de un movimiento social y de comunicación: Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Este movimiento tiene como tarea principal convencer a millones de ciudadanos, vigilar las casillas y realizar actos, reuniones, festivales. Para ello cuenta con unos 4 millones de protagonistas organizados en 65 mil comités seccionales y un periódico mensual, Regeneración, con un tiraje de 10 millones.
Debemos al periodista Jenaro Villamil y a su libro Si yo fuera presidente, el reality show de Peña-Nieto (2009), la principal fuente sobre ese primer proceso, y a E. Toledo la reseña de ese libro incluyendo datos claves y sus significados (El despeñamiento). Lo que Villamil revela es el largo y cuidadoso lanzamiento de una estrella política, logrado mediante un plan de trabajo entre Televisa y EPN. En 2005 el candidato se gastó en comunicación y manejo de imagen 742 millones, de los cuales 691 millones fueron de publicidad con Televisa y sus empresas subsidiarias. Esa cifra creció a 800 millones en 2008 y a mil millones en 2009.
En seis años, el candidato ideal fue confeccionado y fabricado. La construcción incluyó una nueva esposa, conocida y famosa, un curso intensivo de manejo de imagen con la empresa Cepol, asesoría en comunicación política a cargo de Tv Promo, y un guardarropa comprado en The House of Bijan, en Beverly Hills, California, la tienda más cara del mundo (ver mi artículo “El PRI se va de shopping”, La Jornada, 30/6/11). Hoy, el muñeco de pastel convertido en candidato tiene que ser cuidado, resguardado, protegido de todo aquello que amenace su perfección ficticia, incluidos ademanes, modos, gestos, poses, vestuario, gel y maquillajes. La mayor parte de los mexicanos, la televisión está ya en algún lugar de 70 por ciento de los hogares, han sido bombardeados por miles de imágenes de un EPN apuesto, triunfador e imbatible, un anestésico reforzado por la abrumadora opinión de periódicos, revistas y noticiarios de radio.
Los resultados que muestran las firmas encuestadoras son la consecuencia de ese largo trabajo de promoción de la imagen de EPN, más datos probablemente cambiados o exagerados. En cambio, los sondeos basados en Internet capturan la percepción del sector más informado y crítico: las redes sociales, es decir, del sector inmune al efecto Televisa. El peso de estas dos percepciones, una basada en la imagen la otra en la información y la reflexión que provoca, decidirá la elección. Y aquí la labor de Morena, no la de los viciados partidos de izquierda, será decisiva. En efecto, sólo la acción cotidiana, visitando hogar por hogar, y el trabajo político en plazas públicas, mercados, malls, estadios y en el ciberespacio mismo, romperá una tendencia que parece indetenible.
Como mostró en escasos cinco minutos un video aparentemente censurado, tras ser visto por millones de personas, Pepe el Toro, el rey de los proles, pudo vencer a un frívolo Peña Nieto. Y esta figura popular de Pedro Infante rescatada de la época de oro del cine mexicano cobra sentido en el movimiento ciudadano impulsado por López-Obrador. La madre de todas las batallas será entonces, ya es, la de lograr que los mexicanos anestesiados despierten del efecto Televisa. Y esto se logrará sólo mediante el trabajo, cara a cara, el diálogo y la difusión de información veraz. En los dos meses que quedan por delante, el trabajo de los miembros de Morena, sobre el terreno y con los ciudadanos menos informados, será crucial.
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