Ricardo Rocha
Verla es una experiencia de toda la vida. Para quienes no sospechan que eso ocurre en este país, resulta sobrecogedora. Para quienes hemos transitado esos caminos a causa del oficio nos produce un doble sabor en la memoria: de profunda amargura, por recordar hasta dónde somos capaces de degradarnos los seres humanos; pero también de un frescor dulcísimo al testimoniar una historia de amor, de valor y de fe.