La idea de preguntarse si el estar cerca de la gente y querer ser simple a toda costa podría degenerar en “demagogia”, fue de un periodista vaticanista, uno de los más famosos de Italia, Vittorio Messori, que ha escrito numerosos libros sobre temas relativos a la Iglesia. Se lo planteó con reserva, con dudas, pero así lo dijo en un programa televisivo de la RAI 1 esta semana. Y dicho por él, un conocedor del mundo vaticano por excelencia, sonó raro, porque ante ningún otro Papa se habría tal vez permitido semejante apreciación –aun con todas las reservas del caso– si no hubiera tenido tal vez algunas opiniones similares de respaldo dentro del mismo Vaticano. “A veces quedo perplejo precisamente porque no querría que se cayera en la demagogia”, dijo. Y agregó: “Lo que me da cierta tranquilidad es que siendo él jesuita, con la prudencia que caracteriza a los jesuitas, sabrá detenerse a tiempo”. “¿Es esa una advertencia al Papa?”, le preguntó irónicamente otro de los periodistas presentes en el programa.
Es que desde que por primera vez apareció en el balcón central de la Basílica de San Pedro, luego de que el protodiácono pronunciara las célebres palabras Habemus papam, Francisco se mostró muy diferente de sus predecesores. “Buona sera”, dijo, rompiendo el rígido protocolo vaticano y pidiendo enseguida que rezaran por él, en tácita alusión a la carga tremenda que debería afrontar. Y esto cayó bien a la gente que estaba en la plaza y que seguía el evento en televisión. De ahí en más, sus mensajes han sido claros, a diferencia de Benedicto XVI, un profesor de teología, cuyos discursos, de gran contenido, eran sin embargo, sobre todo al principio, difíciles de comprender.
Revolucionarias sonaron sus primeras palabras ante los periodistas de todo el mundo a los que recibió en audiencia en la sala Paulo VI del Vaticano, poco después de haber asumido como jefe de la Iglesia, el pasado 19 de marzo. “Cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres”, dijo, y muchos de los miles de enviados a cubrir la elección del nuevo papa se quedaron con la boca abierta. Sonaba a una lectura progresista del Concilio Vaticano II, sonaba a la condenada (por el Vaticano) Teología de la Liberación, a curas obreros y muchas otras cosas que obligatoriamente cayeron en el olvido en estos últimos 40 años. Pero nadie se desbalanceó en ese momento.
fuente: http://www.surysur.net/2013/06/tres-meses-de-frases-contundentes-con-olor-a-demagogia/
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