16 de febrero de 2013

¿Cristiana sepultura para la CONAGO? Jaime García Chávez LA CONAGO PROHIBIDA POR LA CONSTITUCIÓN

César Duarte Jáquez, político mexicano.
César Duarte Jáquez, político mexicano. (Photo credit: Wikipedia)
@juárez.com:

¿Cristiana sepultura para la CONAGO?

Jaime García Chávez


Pasaré por alto referir que la Constitución Política de la república prohibe la existencia de aparatos del tipo de la CONAGO. Su artículo 117 muy claro dice: “Los estados en ningún caso pueden... celebrar alianza... con otro estado”. Más claro ni el agua. Pero a pesar de esto la Confederación Nacional de Gobernadores existe como un producto de la derrota del PRI en el año 2000 y de la ausencia de la construcción del federalismo que México requiere de manera impostergable. La negligencia y falta de visión de estadista de Vicente Fox dio pie para que este aparato, extra legal y agencia informal, llegue hasta nuestros días. La CONAGO se reúne en Chihuahua, el boato y la demagogia estarán a la orden del día, los bloqueos policiacos y militares de las calles también. Atrás quedan las “incomodidades” de la caballada barzonista. Habrá un búnker aquí y otro más allá. Duarte entregará la presidencia y el gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez, puede ser el sepulturero de este adefesio de poder. La pregunta es, ¿el poder presidencial de Peña Nieto continuará dándole aliento o, pinchará este globo para que se desinfle y no le estorbe? Es una pregunta clave para definir el ejercicio del poder en los próximos años.



Con el ejemplo de la CONAGO no faltaron émulos –todos ellos eminentemente turísticos y además sumamente costosos– y proliferaron las uniones de presidentes municipales, regidores, diputados, congresos locales, síndicos, auditores, tribunales estatales, órganos electorales, rectores y la lista podría ser más gorda que una dama de Botero. Pero, en resumen, mucho oropel y poco oro; mucho ruido y pocas nueces. No se trata de una nueva versión de una poliarquía porque no hay sustento constitucional y, por ende, estipulación de facultades expresas y limitadas, principio rector de derecho público que no por violentado debemos olvidarlo. La pregunta es importante y la respuesta sencilla: muchos años de CONAGO pero el esquema de gobierno federal prácticamente permanece inalterado. No ha servido para edificar, insisto, el federalismo que la república requiere. Antes era un contrapoder de los gobernadores priístas para limitar a los presidentes que interrumpieron el autoritarismo inaugurado por Elías Calles. Hoy eso se ve impensable. Pero hagámonos cargo también de que cuando ya se tiene un poder es muy difícil renunciar a él; empero, no veo a un Duarte o a un Eruviel (políticos de muy diverso peso aunque el primero se ostente muy sobrado) poniéndose al tú por tú con Enrique Peña Nieto, y en esto, por las vísperas, los días. Si no lo hicieron en los dos sexenios anteriores, menos lo harán ahora.

La reconstrucción de nuestra nación pasa por el respeto a las instituciones constitucionales y la CONAGO no tiene sustento en este esquema. Una de dos: prevalece la CONAGO con un esquema facilitador de la balcanización y, entonces, se decreta la desaparición del Senado de la República, o se convierte a esta cámara en lo que realmente debe ser y se le da cristiana sepultura a la CONAGO. Y cuando hablo de cristiana sepultura lo afirmo porque la inmensa mayoría de los actores son católicos, apostólicos y romanos.

El priísmo en el poder presidencial tiene recorrida una escuela que a mi juicio no está dispuesto a dejar de lado. En este tema puede haber un círculo virtuoso u otro vicioso: el primero sería reconstruir sobre otras bases el federalismo, desproveyendo a los gobernadores de un poder que sus constituciones locales no les otorgan, mucho menos coaligados, y pasamos a edificar sobre todo los aspectos fiscales y hacendarios de esa agenda. El segundo y ominoso, de entrada, sería mantener el aparato de la CONAGO como un centro de periódicos ceremoniales o seguir alimentando al monstruo en que se puede convertir. Y no lo digo como una crítica baladí: Eruviel Ávila encabeza la Comisión para Asuntos Internacionales de la CONAGO. Sí, leyó bien: in-ter-na-cio-na-les, un cargo de política de inserción en la globalidad (de lado dejo que durmió a Bill Gates en reciente conferencia) y eso le resta a la institución presidencial y al Senado por donde lo quiera ver. Y no lo digo pensando en Peña Nieto, del que nubladas esperanzas tengo, sino en las posibles crisis del país en las que las potencias puedan venir a negociar con los poderes internos, como ya lo han hecho en muchas otras ocasiones de nuestra historia y sólo para dividir e intervenirnos.

Por esas y otras muchas razones la CONAGO debe disolverse. Tenemos muchos poderes monstruosos, como para seguir engordando a los que surgieron cuando este país fue gobernado por los panistas Fox y Calderón, capitanes del naufragio de la transición y consolidación democrática de México. Si la presidencia de Duarte en la CONAGO sólo sirvió para que se pavoneara y paseara por toda la república, y nada más, la del famoso MALOVA se antoja para encarnar el oficio de camposantero por su dualidad pan-priísta o pripanista, que para el caso es lo mismo.

CONAGO: requiescat in pace.

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