14 de agosto de 2011

LOS FALSOS POSITIVOS DE LA GUERRA DE FECAL: MEXICO SE COLOMBIANIZA

Los pobres ‘la llevan’ en la guerra vs las drogas | Local | Diario.com.mx

Los pobres ‘la llevan’ en la guerra vs las drogas

Gabriela Minjáres
El Diario | 14-08-2011 | 00:32



La guerra contra las drogas emprendida por el gobierno de Felipe Calderón se ha traducido en un combate contra los pobres, quienes viven un “holocausto” tan sólo por su condición socioeconómica.

Especialistas en economía, sociología, antropología y derecho, así como empresarios y religiosos coinciden en que si bien todos los sectores y esferas de la sociedad se han visto afectados por la detonación de la violencia, son los pobres los que han recibido el mayor embate del combate contra el narco al engrosar los índices delictivos ya sea como víctimas o verdugos.

Tal consideración de los expertos concuerda con los datos arrojados por la investigación realizada por el Colegio de la Frontera Norte, “Sistema de información geográfica de la violencia en el municipio de Juárez”, publicada en días pasados, la cual exhibe que la violencia se gesta en las colonias que presentan los mayores indicadores de pobreza y de marginación urbana.

El sociólogo investigador Carlos Murillo González sostiene que la guerra contra el narco se ha traducido en un combate contra los pobres, una “limpieza social” que tiene como objetivo el exterminio de determinados sectores sociales que son considerados “nocivos”.

Se trata básicamente de ir eliminando a aquellos grupos, aquellos sectores, que no son bien vistos por el Estado porque son considerados peligrosos para la sociedad, delincuentes, grupos estigmatizados que en su mayoría provienen de las capas más gruesas de la sociedad”, menciona.

El especialista en los temas de narcotráfico y violencia, Edgardo Buscaglia, quien además es consultor de la ONU en materia de crimen organizado, asegura que, en medio de la lucha contra las drogas, en México hay una tendencia grave que apunta a una mayor victimización de los elementos más pobres de la población.

Pero va más allá y señala que en este contexto fuerzas de seguridad pública cometen ejecuciones extrajudiciales, conocidas como “falsos positivos”, principalmente de personas marginadas, con lo que se busca alimentar el fenómeno y las cifras del gobierno en la lucha contra el crimen.



Bajo el fuego cruzado



Junto con el hecho de que la violencia se ha cebado en los pobres, resalta que a la par de la detonación de ésta en la entidad a partir de 2008, los niveles de pobreza también fueron en aumento.

Así lo evidencian indicadores delictivos y de pobreza en Chihuahua, los cuales revelan, por ejemplo, que tan sólo los homicidios dolosos se dispararon a partir de esa fecha hasta en poco más del triple; mientras que los niveles de pobreza aumentaron en más de 6 por ciento.

Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública del Gobierno federal revelan que de 617 homicidios dolosos reportados oficialmente por las autoridades estatales en 2007 en el estado, al siguiente año la cantidad repuntó en más de 229 por ciento al alcanzar los 2 mil 30 asesinatos, cifra que en 2009 aumentó a 3 mil 156 y en 2010 a 3 mil 514.

En lo que a pobreza se refiere, cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) indican que en dos años, los más duros de esta “guerra contra el narco”, Chihuahua aumentó su pobreza al sumarse cerca de 255 mil personas a la población de bajos recursos del país.

“A los altos niveles de pobreza registrados en esta ciudad hay que sumarle la guerra contra el narco y tienes un coctel explosivo que lo único que está generando es alinear más pobres porque muchos han perdido sus trabajos por la misma violencia”, destaca el sociólogo investigador Carlos Murillo González.

Además, reiteró, en estos tres años y medio que ha durado el combate contra el narco en la entidad, éste se ha traducido en una cruzada contra los pobres cuyo propósito es la aniquilación de ciertos sectores sociales a los que el Estado considera como perjudiciales.

El sacerdote Hesiquio Trevizo Bencomo, vocero de la Diócesis de Ciudad Juárez, oberva que en medio de la guerra contra las drogas los pobres han quedado bajo un “fuego cruzado” en el que no tienen mecanismos económicos, físicos, ni psicológicos para resistir tal embate.

“La pobreza es un hecho objetivo no sólo en esta ciudad y en el estado, sino en todo el país, así que es obvio que esta guerra ha impactado en gran medida a este sector”, menciona para luego cuestionar cómo fue que el Gobierno federal decidió emprender este combate en circunstancias sociales tan desfavorables.

“Una guerra va de más a menos y esto no ha ocurrido en Ciudad Juárez”, dice. “Así que, como en todas las guerras, en un momento dado el pueblo se quedó en el fuego cruzado, donde justo nos encontramos en este momento”, refiere.

De modo que, añade, en la gente se percibe no sólo temor, desilusión y frustración, sino una gran tristeza y desesperanza.

“Esto no tiene otra salida mas que generar una terrible tristeza porque los problemas se entrelazan: con la violencia no hay empleo, sin empleo no hay dinero y sin dinero ocurren muchas cosas”, expone.

Con este planteamiento coincide el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Riquelme Canales, quien agrega que ante las circunstancias actuales de inseguridad las personas de menores ingresos son más vulnerables.

“Es una combinación de cosas, porque si no tienen dinero es porque no tienen chamba; si no tienen empleo no tienen nada qué hacer; si no hay nada qué hacer se deprimen o se echan a perder porque se sienten nocivos para la sociedad y de ahí se vienen todos los problemas a los que ahora nos enfrentamos”, comenta.

Sostiene que aún cuando la inseguridad y la violencia han golpeado a personas de todos los estratos sociales, los de mejores ingresos económicos tienen mayores opciones y mejores formas de enfrentar esta crisis social.



Son ‘falsos positivos’: Buscaglia



Edgardo Buscaglia, experto en el tema del narcotráfico, asegura que en México hay una tendencia grave hacia una mayor victimización de los más pobres de la población.

El especialista abunda al indicar que las fuerzas de seguridad pública cometen ejecuciones extrajudiciales –“falsos positivos”–, sobre todo entre los más marginados, para alimentar el fenómeno y las cifras del gobierno en la lucha contra el crimen.

Esos “falsos positivos”, indica, son para elevar el conteo de cuerpos, el “body count” que utiliza el Gobierno federal y se usaba en la guerra de Vietnam, en donde el objetivo es aumentar las cifras porque parten de la premisa mediática de que la mayoría de ellos son delincuentes organizados y los contabilizan ya sea como sicarios o extorsionadores, detalla.

Agrega que esta estrategia es similar a la utilizada en Colombia, donde se originó el término luego de que miembros del Ejército revelaron que asesinaron a cientos de personas inocentes a las que hicieron pasar como paramilitares o miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Buscaglia, profesor invitado del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), atribuye esta situación a que las fuerzas de seguridad pública mexicanas trabajan sin controles y sin monitoreos de control de corrupción.

“Estas violaciones masivas a los derechos humanos ya llegan a los niveles de holocausto, no es una palabra que se utilice sólo para la tragedia de la población judía en Alemania, sino para cualquier tipo de genocidios, homicidios masivos contra ciertos grupos de la población, como en este caso ocurre con los pobres”, establece.

Por lo que llama a frenar esta estrategia que también califica como una “carnicería”, pero con medidas anticorrupción que debe impulsar desde el gobierno porque se requiere de una amplia capacidad para generar alianzas políticas para que todos las apliquen; aunque duda que la administración de Felipe Calderón las lleve a cabo, pues considera que carece de fortaleza para impulsar un pacto histórico de esa naturaleza.



Asesinatos en la franja de pobreza



Las consideraciones de los especialistas coinciden con los resultados del estudio “Sistema de información geográfica de la violencia en el municipio de Juárez”, que analiza el lugar en el que ocurrieron más de tres mil 500 homicidios de hombres, más de 650 de mujeres y más de dos mil 200 casos de delincuencia juvenil.

De acuerdo con el reporte, los diferentes tipos de violencia que se registran en Ciudad Juárez, si bien han ocurrido en todos los puntos del territorio, muestran patrones espaciales marcadamente definidos.

Los homicidios tanto de hombres como de mujeres, por ejemplo, ocurren con una mayor frecuencia en la zona del Centro histórico y en sus inmediaciones.

Mientras, el maltrato infantil y la delincuencia juvenil —que los investigadores estiman podrían relacionarse con los asesinatos—, se presentan en una franja que corre desde el extremo norponiente y hasta el suroriente de la ciudad; es decir, en las colonias que presentan los mayores indicadores de pobreza y de marginación urbana.

“La violencia se gesta en las condiciones de pobreza de la ciudad”, afirma Luis Cervera, investigador del Colegio de la Frontera Norte y coautor del reporte.

Los principales hallazgos de la investigación, dice Cervera, es que el fenómeno de la violencia tiene “un patrón espacial” definido y que los cuatro tipos de agresión identificados presentan “zonas críticas”; varias de ellas, sobre todo las que afectan a los niños y a los adolescentes, similares a las que presentan las mayores carencias de infraestructura y equipamiento urbano.

“La violencia no sucede con la misma probabilidad en cualquier lugar de la mancha urbana: está definida por ‘clusters’ o regiones críticas que, regularmente, son las más excluidas o pobres”, explica el investigador.



‘Ana’, un testimonio



La falta de 18 mil pesos le impidió a “Ana” curar a tiempo las quemaduras de tercer grado causadas en un incendio provocado presuntamente por dos extorsionadores, quienes sin mediar palabra prendieron fuego a una farmacia en la que la mujer de 23 años se encontraba como cliente.

Con los dos brazos completamente quemados, los pies y algunas lesiones en cara y espalda, “Ana” sobrevive a las heridas físicas y sicológicas causadas en el incendio registrado hace poco más de un año en medio de la conflagración que vive esta ciudad por la lucha del gobierno contra el narcotráfico.

“Tengo quemaduras muy severas en varias partes del cuerpo, he tenido momentos muy difíciles porque soy una estudiante de bajos recursos y como mi rehabilitación requiere especialización desde cirugías y mallas de compresión, materiales que son muy costosos y no están a mi alcance, he tenido que pedir ayuda para recibir atención médica”, expone la joven, quien por seguridad pidió mantener su identidad en el anonimato, así como omitir algunos detalles del siniestro.

Después de sobrevivir al atentado que le causó la muerte al propietario del negocio y a ella la mantuvo 20 días hospitalizada, “Ana” tuvo que enfrentarse a su realidad en medio de las carencias y negligencia oficial, pues no recibió ayuda de ninguna instancia de gobierno a pesar de ser una víctima circunstancial de un hecho violento.

“Me sorprendí mucho cuando me dijeron que necesitaba 18 mil pesos para comprar las mallas para evitar que la piel se me bordeara mucho con la cicatrización, de inmediato supe que en mi familia no íbamos a tener esa cantidad, así que me quedé sin ese material y perdí un año de rehabilitación, un año que pude haber aprovechado pero por falta de dinero no se pudo”, explica.

Ante la insuficiente atención médica, la joven mujer no sólo tuvo una mala cicatrización, sino que perdió la movilidad de uno de sus brazos y no fue sino hasta hace apenas un mes que logró recuperarla mediante una cirugía gratuita que su madre le consiguió en Torreón, Coahuila.

Además, ahora cuenta con el apoyo de Cáritas Diocesana de Ciudad Juárez, organización que apoya a personas marginadas y ofrece servicios humanitarios.

Sin embargo, como “Ana” cientos de personas de escasos recursos económicos en Ciudad Juárez han tenido que enfrentar en medio de carencias, marginación y falta de oportunidades los daños colaterales de la guerra contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico.



Un círculo vicioso



Aunque el economista Miguel Ángel Calderón Rodríguez descarta que la actual guerra contra el narco sea también un combate intencionado contra los pobres, destaca que es un hecho que la falta de oportunidades de empleo y pobreza son un caldo de cultivo que genera actividades extraordinarias, lícitas o ilícitas, pues la gente lo que busca es una manera de sobrevivir.

Señala que cuando las personas no tienen empleo tienden a buscar alternativas para obtener un ingreso, las cuales en México regularmente se encuentran en la economía informal, donde desafortunadamente el crimen organizado se encuentra instalado.

“En esa economía que también se llama subterránea o negra, la droga pasa a formar parte como mercancía y a mucha gente sin empleo, sin educación y sin la posibilidad de incorporarse al mercado laboral, se le hace fácil ser proveedores o distribuidores de cualquier producto, incluso drogas a cambio de salarios atractivos, que les permitan subsustir”, dice.

Con este planteamiento, Calderón Rodríguez contradice lo señalado por el secretario de Educación Pública (SEP) federal, Alonso Lujambio, quien hace unos días afirmó que es completamente falso que la pobreza alimente la delincuencia organizada, sino que es la falta de valores y el descuido de los padres lo que ha empujado principalmente a los jóvenes hacia el delito.

“Hay quien dice equivocadamente, equivocadamente subrayo, que en esta coyuntura compleja muchos jóvenes en estado de precariedad social se suman al crimen organizado, precisamente por su estatus de vulnerabilidad social”, expresó en su gira por Chihuahua.

“Creo que millones y millones de jóvenes mexicanos, aún en circunstancias vulnerables no se suman al crimen, y no lo hacen porque ustedes (los padres de familia) les han transmitido un cuadro de valores que les dice qué es bueno, qué es malo; qué es pertinente y qué no lo es”, añadió.

Sin embargo, a ese escenario ideal planteado por el secretario federal, el antropólogo Hernán Ortiz Quintana agrega que ante la situación de emergencia que se vive en esta frontera, la invitación para todos, ya sean pobres o ricos, es superar de manera conjunta esta ola de violencia.

“La recomendación es tomar en cuenta la realidad para no caer en esquemas que poco la explican y poco ayudan a mejorar”, dice.

(Gabriela Minjáres/El Diario. Con información de Sandra Rodríguez)


¡AMLO 2012!

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