Lunes 03 de mayo de 2010
* A salvo los dos periodistas de Contralínea
* La emboscada a la caravana por la paz
* San Juan Coapala sitiado por paramilitares
La pobreza, la desigualdad, la injusticia, la marginación y las violaciones a los derechos humanos han sido desde hace ya casi una década la materia de investigación del equipo de periodistas que integran la revista Contralínea. No es gratuita y sí, una cobertura obligada, la presencia de sus reporteros en las zonas más pobres del país, entre las cuales Oaxaca, lamentablemente, ocupa un lugar destacado.
Erika Ramírez y David Cilia, reporteros de Contralínea agredidos a balazos junto con la caravana de paz que el martes pasado llevaba comestibles, agua y medicinas al pueblo de San Juan Copala, llevaban las órdenes de trabajo de hacer una radiografía de la violencia que hay en la región y el clima político preelectoral del estado. Su traslado específico a Copala obedecía a reconstruir la historia de las dos periodistas triquis asesinadas hace ya varios años, como parte de un gran reportaje sobre los casi 70 periodistas acribillados en 17 estados de la República en lo que va de la administración federal panista.
Aún más, entre las regiones marginadas y laceradas por cacicazgos y terratenientes que dominan al país, San Juan Copala, una región triqui declarada “municipio autónomo” en 2006 y cuyos habitantes están sitiados ahora por el mismo grupo paramilitar que atacó a la caravana de paz, sobresale y se confirma como la “tierra de nadie”, en donde el gobierno estatal priista es complaciente de esos grupos armados que actúan fuera de la ley y que se disputan a sangre y fuego el control territorial, económico y político del municipio, a donde la ausencia de ley, la justicia, las políticas públicas y el bienestar social están muy lejos de llegar a la región.
Por eso Erika y David estaban allí en Oaxaca y las ediciones de Contralínea desde hace varios años son testimonio de la labor informativa de sus reporteros. El libro “Morir en la miseria”, resultado de una intenso trabajo periodístico en los municipios más pobres del país, también da cuenta de ello. Y han sido, precisamente, Erika Ramírez y David Cilia enviados permanente de Contralínea a la región.
El marco y cobijo de una caravana por la paz, con la presencia de observadores internacionales y organizaciones mexicanas no gubernamentales que llevaría medicinas y víveres sin filiación política, se presentó como la oportunidad periodística para investigar sobre la violencia en la zona e indagar a profundidad el artero e impune asesinato de las locutoras triquis de la radio comunitaria perteneciente a la Red de Radios Indígenas.
De hecho, en abril pasado se cumplieron dos años de su ejecución, que aún permanece impune, y Contralínea buscaba seguir la historia de Felicitas Martínez y Teresa Bautista quienes, hasta el día de su muerte, estaban a cargo de la radio comunitaria La voz que rompe el silencio. Felicitas y Teresa orientaban a los pueblos triquis en temas de salud, organización y derechos básicos. Alguien resultó ofendido con su palabra.
No ignorábamos el clima de violencia que meses atrás se había recrudecido en San Juan Copala, pero los dos reporteros pensaron que una caravana por la paz sería suficiente para persuadir a los grupos paramilitares que operan en la región de contener sus agresiones mortales. Ni siquiera en las peores zonas de guerra se atenta contra personas que portan banderas blancas y tampoco contra la prensa que sólo busca documentar los hechos, como responde a un periodismo veraz y profesional.
Jesús Martínez Flores, presidente de este municipio autónomo, encabezó la convocatoria a lo que el calificaba como una “caravana de observación” que apoyara las pláticas para pacificar la zona.
“Nosotros ya no creemos en las autoridades que siempre le mienten al pueblo, ya no creemos en quienes ante la opinión pública se desgarran las vestiduras pidiendo la paz que ellos mismos rompen con la complicidad y la impunidad que siempre gozan por parte del estado, nosotros creemos en nuestro pueblo que entiende nuestro pesar, por eso hacemos el llamado a la caravana de observación que realizamos por nuestras tierras”, dijo Martínez Flores en un comunicado fechado el 19 de abril pasado.
Martínez Flores agregó: “Con organismos nacionales internacionales de derechos humanos en fechas por definir, donde también nos acompañarán medios alternativos, compañeros de la Otra Campaña y todo aquel que tenga bueno su corazón y quiera ayudar a encontrar la paz y la seguridad y el desarrollo que la región triqui necesita. Caminaremos este proceso de paz hasta sus últimas consecuencias, así garantizaremos la conservación de nuestra cultura”.
Pero la caravana por la paz no fue suficiente. Los dos reporteros de Contralínea, Erika Ramírez y David Cilia, fueron también víctimas de la emboscada del 27 de abril en la zona de La Sabana, en la mixteca oaxaqueña, que dejó como saldo varios heridos y los asesinatos de Alverta Cariño Trujillo, directora del Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos (Cactus) y del finlandés Jira Jakkola, observador internacional.
La crónica del ataque
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