3 de octubre de 2006

JORGE FERNÁNDEZ ACOSTA: TRANSFORMACIÓN EN PAZ

NOTA ORIGINAL PÚBLICO MILENIO

Decir que no debemos ir al extremo sería contradecir lo que nos ha movido en este tiempo: estamos en el extremo de la historia del país y debemos continuar con la vida que quieren imponer los que hicieron el fraude y que en la práctica imponen mediante el más poderoso de los poderes: la mediocracia, el gobierno de los medios y de la imagen. En el imaginario colectivo, casi todos tenemos cuentas de banco (incluso en Banamex), mucho trabajo y de alguna manera tenemos que vivir en medio de la globalización y el neoliberalismo recalcitrante que nos abruma cuando sabemos que la pobreza existe y se expande por todo el país y tiene calidad de exportación.

Pensamos que la vida se resuelve fácil a partir de lo que vemos o escuchamos y que muchas de las veces no entendemos. Poco o nada leemos con afán crítico, es más cómodo sólo ver y oír. Que piensen los otros, solemos decir. En contraste, por primera vez en la historia de México, la gente se animó a debatir sobre política, a veces con resultados poco gratos, pero, en otros realmente halagadores, se reforzaron la fraternidad y la tolerancia. Tal vez no sea general, pero en el entorno inmediato ocurre que los amigos y los hermanos, a pesar de las diferencias políticas, comienzan a respetar la posición de apoyo a la causa de una república alternativa. Muchos de ellos son o simpatizan con otros partidos y, sin embargo, continuamos trabajando y conviviendo con ellos. Esa es la única manera de reconstruir el país: con trabajo y no con luchas que nos destruyen y nos separan. Debemos provocar la paz.

La causa por la transformación de la vida nacional no está guiada por un caudillo anacrónico, la historia es sólo recurrente y se lucha por la justicia y la legalidad. El movimiento no busca la violencia con sangre y mártires, el fin es convertirse en una sociedad democrática y pacífica. En México, la democracia todavía existe sin plenitud. Dio su primer paso con Fox en el primer día, pero cayó en el lodo de la soberbia que manchó de ineficacia al pretendido cambio en el sexenio de un gobierno que fue de reacción pero que no supo cómo reaccionar en los momentos decisivos... ¿y yo por qué?

Debemos organizar un movimiento nacional que, por convicción, nos lleve a transformar la cultura y la gente, una revolución cultural y pacífica, con mecanismos de ruptura no violentos, necesarios para tomar los espacios de poder que nos permitan cambiar a México y toda su estructura política, económica y social, reto que la inteligencia cívica nos ayudará resolver. Significa acudir a nuestra historia y modificar la cultura desde las bases de la sociedad, mediante la educación en los valores de la democracia y la libertad para entender que no podemos vivir civilizadamente si no comprendemos que la ley es perfectible y que en las actuales circunstancias la ley no corresponde ya a la realidad. Si, es cierto, deberíamos creer y tener fe en las instituciones del país, pero no podemos hacerlo cuando existen muchas evidencias de que ellas, en el México de hoy, son manipuladas por personajes funestos que sólo tienen intereses particulares y a quienes México nada les importa. La única institución que merece y se ha ganado el respeto de los mexicanos es el Ejército, garante de la salvaguarda de la paz y la soberanía nacional.

COMENTARIO: Esperemos que los civiles que comandan el gobierno no vaya a despilfarrar cometiendo una estupidez también el respeto que la mayoría de los mexicanos tenemos de nuestro ejército, como ocurrió hace 38 años.

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