25 de septiembre de 2006

JOSE LUIS REYNA:LA HERENCIA DE FOX

DEL MILENIO DIARIO:

La herencia de Fox

jreyna@milenio.com


El sexenio está en franca agonía. Un balance rápido de su desempeño insinúa que hubo menos logros de los esperados y muchos menos de los prometidos. En la macroeconomía, empero, se encuentran algunos de los aciertos del foxiato. La inflación se redujo de manera importante. Las reservas internacionales alcanzaron niveles que rondan los 80 mil millones de dólares. No obstante, la desigualdad y la pobreza ahí siguen. Vale anotar que esa cantidad se acumuló gracias a factores externos: el elevado precio de los hidrocarburos y las remesas de esos mexicanos que fueron a buscar una oportunidad de vida al norte del Río Bravo: entre 2000 y 2005 emigraron 3.45 millones de compatriotas. La economía creció por debajo de lo indispensable y, como consecuencia, hubo un déficit importante en la generación de empleos. La violencia brutal que aqueja al país, como dicen las autoridades estadunidenses, es otro gran problema que “amenaza la relación bilateral” con el país vecino y, más preocupante, al Estado mismo. Al conflicto oaxaqueño, largo y ya con un sesgo nacional, no se le ve una solución inmediata. La próxima administración, además, enfrentará el reto de un gobierno alterno cuya función opositora, pese a su carga más simbólica que real, hará difícil la gobernabilidad de la nación. Ésta es la herencia que el foxiato deja a su sucesor.

Fox le deja a Calderón un país lleno de problemas. Incluso la escasa legitimidad del próximo Presidente se explica en gran medida por la ineptitud de su antecesor. Un deslinde del Presidente electo es urgente. De lo contrario, arriesgaría la viabilidad del país. Son muchos los indicadores que demuestran que el sexenio que está por expirar fue un fracaso. No se consolidó la democracia como régimen de gobierno. Asignatura pendiente. Ahí está como ejemplo el uso del Estado por parte de Fox para influir en el rumbo de la elección presidencial pasada. También están los indicadores recientemente publicados por el Banco Mundial (www.govindicators.org) que, en su conjunto, apuntan a un deterioro del país en dimensiones tales como la estabilidad política, la eficacia gubernamental, el control de la corrupción y el Estado de Derecho, entre otros.

En estos rubros, México está peor ubicado si se compara este sexenio con el anterior (1994-2000). De los 213 países considerados en la investigación del Banco Mundial, el país mejor ubicado en los indicadores arriba mencionados es Finlandia, que alcanza un puntaje de 595 (600 es el máximo), en tanto que Haití obtiene sólo 30 puntos. México calificó con 322 puntos, resultado mediocre sí se comparan con los obtenidos por Chile, Costa Rica y Uruguay: 517, 495 y 449 respectivamente.

Resulta preocupante que México, un país políticamente estable por tantas décadas, haya perdido tanto terreno en un lustro, pues disminuyó de 45 puntos en el año 2002 a 37 en 2005. Chile y Costa Rica duplican esa cifra (77 y 82). Cabe advertir que la base de medición son encuestas hechas a ciudadanos y se distinguen por su alto grado de confiabilidad. Podría afirmarse, de la misma forma, que el gobierno del cambio tuvo un desempeño fallido que le valió caer en la escala de control de la corrupción. De nueva cuenta, si se compara con el sexenio previo, la corrupción aumentó pese a que se puso tanto énfasis en la transparencia y en la rendición de cuentas. El Estado de Derecho, ese estribillo tantas veces repetido durante este sexenio, también arroja resultados poco alentadores, pues además de haber disminuido en los años recientes, el desempeño mexicano en este aspecto se encuentra muy por debajo de varios países latinoamericanos. Chile obtuvo una calificación de 86 y México de 46. Finlandia, para ir al extremo, alcanzó un puntaje de 99.

No será fácil conducir este país en los tiempos por venir. Los múltiples errores y pifias que se cometieron durante el sexenio por terminar se reflejarán en los actos de gobierno que se emprenderán a partir del 1 de diciembre. Puede decirse que México inaugurará una nueva administración presidencial en una circunstancia de franca debilidad política, de escasa legitimidad y un régimen que, por decir lo menos, está prendido con alfileres. Ésta es la herencia que Fox dejará a su sucesor.

jreyna@colmex.mx

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