Por qué la república amorosa puede iniciar un cambio civilizatorio:
Víctor M. Toledo
Hace por lo menos dos décadas que propuse, con otros pensadores, la idea de que estábamos ante una crisis de civilización. Mi vía de entrada fue el análisis de la crisis ecológica y del rol de las fuerzas de la naturaleza como un factor central que se agregaba a la contradicción clásica entre fuerzas productivas y relaciones de producción. Estas ideas las desarrollé en Modernidad y Ecología” (Nexos, 169, 1992), un ensayo traducido al inglés, francés, italiano y portugués. Esta idea opera como una tesis estratégica para entender a cabalidad la dimensión del atolladero en el que está metido el mundo contemporáneo. Aceptarla implica quitarse los anteojos obsoletos de la especialización, de muchos supuestos ideológicos, de los dogmas culturales y políticos y de las inercias conceptuales y teóricas, incluidas las que aún dominan al pensamiento de izquierda. Estos 20 años anteriores han sido claves, porque
ha habido una acumulación progresiva de evidencias que han demostrado la validez de esa idea. Hoy, afirmar que vivimos una crisis de la civilización moderna es cada vez más un lugar común. Hoy existen nuevas formulaciones teóricas que dejan atrás las ideas de desarrollo, progreso y crecimiento para ser sustituidas por las de sustentabilidad, buen vivir y decrecimiento.
Ello supone una reformulación radical de paradigmas, valores y maneras de concebir al mundo y a la historia. Y lo más importante, hoy existen en muchas partes del mundo movimientos alternativos e innovadores, indignados con el sistema y sus sectores hegemónicos.