En agosto de 2011, el FBI llegó a Islandia con la intención de investigar el caso Wikileaks. Sin embargo, lo hizo sin avisar a las autoridades de la isla, por lo que el Gobierno de Islandia expulsó al cuerpo de seguridad del país y después envió una queja formal a Estados Unidos.
El encargado de hacerlo fue el ministro de Interior islandés, Ögmundur Jónasson, quien se reunió con estos agentes cuando tuvo noticias de su presencia en la isla, según recoge el medio estatal RUV, que entrevistó a varios de los implicados (entre ellos, el propio Jónasson).