LUNES, MAYO 27, 2013
Muchos Gobiernos piensan en la doctrina del ojo por ojo, como si un acto criminal debe forzosamente enfrentarse con la misma o mayor violencia del hecho cometido; también lo asumen como si fuera contra ellos, personalizándolo de una manera poco conveniente, o asumiendo que ellos representan al todo social, es una interpretación muy peculiar de la razón de estado que con mucha frecuencia se ha prestado para infamias en contra de la sociedad; es por muchas de éstas razones que se creen compelidos a actuar con justicia al anteponer violencia con violencia.
Un sociólogo muy famoso dijo hace mas de cien años que el Estado es el poseedor del monopolio de la violencia legítima aserto que nadie se atreve a cuestionar, pero descubrimos que mientras la posesión de ese monopolio es indudable, su ejercicio con frecuencia dista mucho de ser legítimo, porque el hecho que los factores políticos ejerzan la violencia no hace legítimo ese ejercicio. ¿Cómo calificar una acusación fabricada contra un ciudadano inocente con el exclusivo propósito de extorsionarlo?, ¿cómo considerar la acción violenta del Estado que pisotea los derechos humanos de personas inocentes? Hoy en día son muchos los gobiernos que enarbolan la espada contra la sociedad explicando que lo hacen por el bien de ella misma, hay países donde la tortura se ha institucionalizado generando muchos culpables que pagan por la tranquilidad del sistema, donde el primer lugar es de los gobernantes.
La pregunta de hasta donde esa violencia es legítima es todo menos ociosa, porque si un Estado agrede de manera sistemática a una parte de su sociedad, echa por la borda una buena parte de su legitimidad. El que agrede a una parte de la sociedad la agrede a toda ella. Las violaciones a la legitimidad por pequeñas que sean terminan afectando al todo legítimo, porque la violencia legítima se deslegitima por el abuso, mientras mayor es este más se acelera el proceso. Los estudiantes mexicanos se quejan de una escala represiva y respuestas desmedidas, seguramente han confrontado a gobiernos que se sienten infalibles y con un mandato para activar toda la fuerza posible contra la transgresión. Deliberadamente me rehúso a entrar a la discusión sobre lo pertinente de una cantidad de violencia, o la aceptabilidad de medidas agresivas contra la sociedad.
fuente: http://www.colloqui.org/colloqui/2013/5/27/crimen-y-democracia.html?utm_source=Colloqui&utm_campaign=f067a14a06-RSS_EMAIL_CAMPAIGN&utm_medium=email&utm_term=0_86ff272992-f067a14a06-33328913
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