Despuntan al menos cuatro bemoles.
El bemol de la partidocracia: El gobierno privilegió como interlocutores a las dirigencias de los tres partidos políticos cuyas bancadas en el Congreso integran una mayoría calificada, necesaria para iniciar una reforma constitucional. Pragmatismo y eficientísmo puros.
Sin embargo, tres partidos no hacen la República, sobre todo en una sociedad donde dos terceras partes de la ciudadanía manifiesta expresamente no sentirse representada por esas instancias y rechaza integrarse a ellas.
El diseño institucional del PPM privilegia una forma de gobierno que hoy es el epicentro de la crisis de las democracias representativas, la partidocracia, y de aquí nace su primera limitante (Movimiento Ciudadano forma parte ciertamente del régimen mexicano de partidos, pero con el compromiso de impulsar nuevas formas de participación ciudadana no partidarias, por ello su rechazo desde el inicio a formar parte del pacto).
Además de restaurar la pactitis de la época priista de los años ochenta y noventa del siglo pasado, el PPM ha pretendido erigirse en el símbolo de lo que sería un “gobierno eficiente”, pero a costa de intentar suplantar o colocarse por encima de los verdaderos poderes constitucionales (legislativo, ejecutivo y judicial), así como de los integrantes del llamado “poder federal” que son las autoridades locales popularmente electas (como los gobernadores, alcaldes y congresos locales), a quienes se está tratando como simples ventanillas de trámite de los acuerdos procesados.
De proseguir por esta ruta, el PPM se convertiría en una especie de cuarta instancia de representación política, de donde saldrían los principales proyectos de gobierno, a la manera como Antonio López de Santa Ana y Miguel Barragán buscaron instaurar el Supremo Poder Conservador en el siglo XIX, por encima del Congreso y de la Suprema Corte. Paradójicamente, se estaría gestando un nuevo poder fáctico para combatir a los viejos poderes de facto.
El bemol del neocorporativismo: Los Pactos priistas del siglo pasado (desde Miguel de la Madrid hasta Ernesto Zedillo) incluían las llamadas “fuerzas vivas” del país, desde las centrales obreras hasta las cámaras empresariales, en donde por cierto no tenían voto ni intervención alguna los partidos políticos de entonces. Hoy todos están excluidos, desde los empresarios hasta los sindicatos, pero sobre todo las organizaciones de la sociedad civil y los ciudadanos de a pie, validando con ello la visión estrecha y reducida de que todo el país, con su compleja y variada representación, podría resumirse a tres organizaciones partidarias.
Si las reformas impulsadas por el PPM son en verdad para beneficio de los mexicanos, deberían validarse a través de los instrumentos de participación de la democracia directa, como el plebiscito, el referéndum, la consulta ciudadana y la iniciativa popular, y no a través de una instancia de representación indirecta supraconstitucional. Si las inminentes reformas fiscal y energética son tan buenas para el país, ¿por qué no llevarlas a un plebiscito nacional?
El bemol de las divisiones intrapartidistas: Al interior del PRD y el PAN crecen la crítica, el descontento y la impugnación a los acuerdos tomados cupularmente, sin consultar ya no digamos a la ciudadanía simpatizante, sino a los propios militantes e integrantes de esos partidos. Ciertamente esta reacción es natural en todos los partidos de oposición, que enfrentan el eterno dilema de hasta dónde cooperar y hasta dónde resistir frente a un nuevo gobierno. Sin embargo, para las bases del PAN y del PRD cada vez es más claro que el principal beneficiario de estos acuerdos no es el país, ni los programas de gobierno de la oposición, sino el actual gobierno y su partido, tal como lo muestran las encuestas preelectorales en la mayor parte de las 14 entidades donde habrá comicios locales en julio próximo.
El bemol de la terca realidad: el PPM es poco conocido entre la ciudadanía y aún no prende en las plazas públicas según diversas encuestas. La razón es sencilla: el entorno de la vida cotidiana de la gente no está cambiando. Las ejecuciones, el desempleo, los gasolinazos, la carestía de la vida, las violaciones de los derechos humanos y la falta de oportunidades para millones de jóvenes no son parte del pacto, sino de la continuidad y el deterioro cotidianos. Aquí los melodiosos “sostenidos” de pecho del PPM, son vencidos por los bemoles in crescendo de la terca realidad.
ricardo_monreal_avila@yahoo.com.mx
Twitter: @ricardomonreala
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