| Español: Lydia Cacho en la presentación de su libro Esclavas del poder, 2010 (Photo credit: Wikipedia) |
Por: Lydia Cacho - marzo 22 de 2013 - 0:00
Cacho en Sinembargo, COLUMNAS - 4 comentarios
Los Zetas están enojados, en realidad furiosos, y no es para menos. Un pequeño grupo de personas ha puesto en jaque su gran negocio de la extorsión de transmigrantes. Desde el sur de la frontera en Tabasco y Chiapas, pasando por Oaxaca, y hasta el norte en Tamaulipas, Coahuila y Chihuahua, quienes trabajan afanosamente en los albergues para transmigrantes han logrado establecer pequeños oasis donde hombres, mujeres, niños y niñas encuentran asilo temporal lejos de la inenarrable violencia que han vivido para cruzar buena parte de Latinoamérica persiguiendo el sueño de la supervivencia económica, ese que les permitirá convertirse en trabajadores clandestinos y explotados que mandan dinero a sus familias.
Las y los transmigrantes son seres humanos que lo arriesgan todo, porque no tienen mucho que perder; porque a pesar del discurso de los gobiernos norteamericano y canadiense, las economías de estos países encuentran el equilibrio gracias a la explotación laboral de millones de personas a quienes no tienen que dar cobertura médica y a quienes el Sistema considera desechables. Estos sobrevivientes del paradójico discurso migratorio internacional, atraviesan medio continente porque saben que, digan lo que digan, encontrarán algún tipo de trabajo en las potencias del norte. Y tienen razón, en 2012 las remesas de Norteamérica a Latinoamérica ascendieron a 64 mil millones de dólares, y el Banco Mundial prevé que para 2014 estas crecerán un 10% más. Cada año llegan a México 24 mil millones de dólares de trabajadores sin estatus legal en Estados Unidos y Canadá.
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http://www.sinembargo.mx/opinion/22-03-2013/13326
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