11 de diciembre de 2012

La complicidad de Mancera - JESUSA CERVANTES

La complicidad de Mancera:

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JESUSA CERVANTES

7 DE DICIEMBRE DE 2012 ·

MÉXICO, D.F. (apro).- Tres días pasaron después de los arrestos injustificados, vejaciones, golpes y violaciones a los derechos humanos contra veintenas de jóvenes que participaron en las protestas en contra de la asunción de Enrique Peña Nieto al poder, antes de que el nuevo jefe de gobierno “de la ciudad con Ángel”, Miguel Ángel Mancera, hablara sobre el tema.



Fue preocupante que no fijara una posición al respecto desde el primer día, que no pidiera una investigación, que no demandara castigo para los policías capitalinos que participaron en la refriega y para quienes recurrieron “al uso excesivo de la fuerza pública”, pero también que no exigiera la liberación de los inocentes y el proceso justo contra quienes resultaran culpables por los daños en propiedad privada.



A Mancera poco le importaron los jóvenes detenidos y enviados a los reclusorios, mucho menos iniciar una indagatoria sobre las denuncias públicas en torno de la presencia de infiltrados, de provocadores que actuaron para justificar “el uso excesivo de la fuerza pública”, fueran de la policía capitalina o de la federal.



Absurdo resultó que el nuevo jefe de Gobierno del Distrito Federal, quien en su toma de posesión, el pasado miércoles 5, habló de “blindar” la capital, ignorara por otro lado el estado crítico del maestro de teatro Juan Francisco Quinquedal, quien resultó con una lesión en el cráneo y con la masa encefálica expuesta –aún se desconoce quién le disparó y qué tipo de artefacto usó la policía–, y tampoco se refirió José Uriel Sandoval Díaz, el joven de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) que perdió un ojo tras la refriega.



El vacío de Mancera fue ocupado por los detalles de “su fiesta”. Del tema habló por primera vez el lunes 3 y luego hasta el jueves 6, cuando el asunto ameritaba fijar una posición desde el mismo momento en que se suscitaron los hechos.



La interrogante de por qué no decía nada se desvaneció el mismo miércoles 5, cuando aparecieron en su toma de posesión conocidos priistas. En ese momento entendí la complicidad y el silencio de Mancera, que finalmente se puso al lado del gobierno federal que encabeza Enrique Peña Nieto.

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