
Conforme avanzaban los días y se acercaba el fin del
Calderonato, muchos teníamos la esperanza de un verdadero cambio. Se ansiaba
que se fuera Calderón. Y se ansiaba porque a su paso se veía, en muchos estados
del país, que los muertos inundaban las calles. Fueron los daños colaterales
que dejó una infructuosa guerra contra el crimen organizado. Hombres, mujeres y
niños que no debían morir, padres que dejaron a sus hijos en la orfandad o
padres que quedaron marcados por la tragedia de perder un hijo.
Calderonato, muchos teníamos la esperanza de un verdadero cambio. Se ansiaba
que se fuera Calderón. Y se ansiaba porque a su paso se veía, en muchos estados
del país, que los muertos inundaban las calles. Fueron los daños colaterales
que dejó una infructuosa guerra contra el crimen organizado. Hombres, mujeres y
niños que no debían morir, padres que dejaron a sus hijos en la orfandad o
padres que quedaron marcados por la tragedia de perder un hijo.
Calderón se va y la esperanza nunca llegó. Sin hablar sólo
de los muertos – que son miles y que es lo más terrible de su mandato—hablemos
también de la miseria en que quedaron sumidos millones de mexicanos.
A causa de esa guerra perdida, muchos tuvieron que abandonar
negocios, su vivienda, sus lugares de origen, para irse a buscar un mejor modo
de vida o simplemente sobrevivir.
En los estados del norte la cantidad de viviendas
abandonadas asusta. El fácil y a la vez arriesgado tránsito hacia el país
vecino los orilló a huir, sin tener porqué y dejarlo todo. Personalmente supe de casos, de personas
conocidas, unas cercanas otras no tanto, que tuvieron que salir literalmente
huyendo, en este caso de Veracruz, por el incremento de la violencia en el
estado.
Pero a Calderón no le importó derrochar recursos en acabar
una guerra contra el narco que nunca acabó. Las masacres siguen ocurriendo
todos los días, las fosas clandestinas pululan, la inseguridad permea el país
completo y él, el hombrecito que no quiso abrir las urnas en 2006 y le temió al
voto por voto para demostrar si en verdad había ganado hoy se despide y dice
que triunfó. No sólo eso: agradece a los mexicanos su confianza y celebra la
llegada del PRI a Los Pinos.
Con la llegada de Peña Nieto al poder se corta de tajo la
esperanza de millones y el desastre que se vive en México sólo tendrá
continuidad. A Peña Nieto, hombre inculto e incapaz de manejar ya no digamos un
país, si no sus propias emociones, se le hereda un país bañado en sangre,
sumido en la desigualdad, en la tristeza, en la desesperanza. Por eso, hoy los
mexicanos no celebramos nada. El adiós de un psicópata solitario no deja un
tono festivo: nos deja mucho por hacer, mucho por reflexionar, mucho por
trabajar. México aún es nuestro.
@Mar_Morales_
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