22 de octubre de 2012

Arde Michoacán - Raúl Rodríguez Cortés

Arde Michoacán - Columnas:

Gran Angular | Raúl Rodríguez Cortés
Arde Michoacán


Lunes 22 de octubre de 2012


Muy lejos del triunfalismo de fin de gobierno que Felipe Calderón exalta en radio y televisión mediante la propaganda oficial, el país más bien está tenso e inquieto, vamos, no está sereno. Al baño de sangre que ha dejado la guerra contra el narcotráfico, con al menos 80 mil muertos en seis años, se suman ahora protestas sociales que, como en Michoacán, envían señales insurreccionales cuya violencia, innegable, es confrontada ya con la violencia del Estado, lo que ha marcado el inicio de una espiral que nadie sabe qué alturas podría alcanzar.
Y es que lo ocurrido en Michoacán no es tan simple como se nos quiere hacer ver: unos cuantos revoltosos y flojos, sin afanes de superación, metidos en cintura por la policía estatal, apoyada por la federal, que cumple con su deber de aplicar la ley y el orden bajo la batuta de un gobernador que grita a los cuatro vientos que a él no le tiembla la mano al esgrimir el garrote. No, no es tan simple.
Se puede o no estar de acuerdo con las demandas centrales de los normalistas michoacanos que se sintetizan en la negativa a aceptar la incorporación a su tira de materias la computación y el inglés, con el argumento de que los campesinos-indígenas que serán sus alumnos tendrían que empezar por aprender bien el español.
Y se puede o no estar de acuerdo —yo no lo estoy— con el método de hacer valer sus exigencias: toma de planteles y retención de autobuses, algunos de ellos incinerados finalmente ante el embate policiaco que los desalojó, que detuvo a 176 y consignó a 49, de los que 41 salieron libres bajo fianza y ocho permanecen en prisión.
Lo que parece muy claro —y de ello hay múltiples ejemplos, entre otros el de Oaxaca y su crisis social de 2005 y 2006— es que la represión no soluciona problemas muy arraigados y hasta corrompidos, que se prolongan soterrados como una bomba de tiempo que en cualquier momento puede estallar.
El nuevo gobierno priísta de Michoacán de Fausto Vallejo no parece haber entendido esa lección, cuando lo que su propia circunstancia recomienda es llevar el diálogo hasta sus últimas consecuencias porque el camino de la golpiza y la cárcel no resolverá el problema, si acaso postergará su solución. El gobernador ya aplicó la mano dura pero el problema no se ha acallado, mucho menos resuelto. Prevalece el clamor de inconformidad.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que ha salido a las calles a exigir la liberación de los normalistas, tiene una fuerte presencia en Michoacán. Es un grupo altamente politizado y organizado al que difícilmente se silencia o desmovilza, aun con operativos policiacos que tanto celebran quienes no captan expresiones legítimas de inconformidad entre aquellos a los que despectivamente califican de vándalos.
Pero la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas (a la que pertenecen los normalistas ) y la CNTE se acostumbraron con los gobiernos perredistas michoacanos, sobre todo el de Leonel Godoy, a no hacer demasiado ruido a cambio de crecientes prerrogativas económicas que les permiten disponer del control y el autogobierno para continuar en una lógica ideológica que no necesariamente crea maestros para educar, sino para impulsar revoluciones.
Esto los acerca inevitablemente a grupos armados como el EPR y su escisión, el ERPI, que tienen, por cierto, una fuerte presencia en Michoacán. Después del desalojo y detención de los normalistas, el EPR emitió un comunicado en el que calificaba estos hechos de “crimen de Estado”, atribuía su autoría a Felipe Calderón, al gobernador Fausto Vallejo, al secretario federal de Seguridad, Genaro García Luna, y al secretario de Gobierno de Michoacán, Jesús Reyna; y advertía que su violencia sólo deja abierto el legítimo derecho a la autodefensa de masas que saldrán a las calles a hacer valer sus derechos.
Y por si algo faltara, Michoacán es un estado totalmente penetrado por el narcotráfico con grupos como La Familia y Los Caballeros Templarios (patrocinando el regreso al poder del PRI, según denuncia de la hoy senadora Luisa María Calderón, ex candidata a gobernadora del PAN), y probablemente interactuando ya con sectores de los grupos guerrilleros.
Ante todo esto, el gobernador busca imponer otros mecanismos de control pero hasta ahora sólo ha mostrado el poco imaginativo expediente de la represión que ya gestó a los primeros ocho presos políticos de la temporada.
Vallejo, disminuido en salud según deja ver su propia imagen, no ha podido acallar el creciente rumor de que, precisamente por eso, dejará la gubernatura antes de cumplir un año a su secretario de Gobierno, Jesús Reyna, reponsable de la respuesta violenta al desafío normalista y sin muy buenos resultados en otras negociaciones como la sostenida con los fanáticos de la Nueva Jerusalén.

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