24 de diciembre de 2011

Haniel Morgan Chávez: por qué dejé el periodismo tras cubrir Oaxaca en 2006 | Pulso Ciudadano

Haniel Morgan Chávez: por qué dejé el periodismo tras cubrir Oaxaca en 2006 | Pulso Ciudadano:


Haniel Morgan Chávez: por qué dejé el periodismo tras cubrir Oaxaca en 2006
Etiquetas: APPO 2006, ataque a periodistas, fotografo madreado, Manuel Moreno Rivas, Oaxca, represion en Oaxaca, Ulises Ruizappo 2006


Haniel Morgan Chávez fue reportero de la fuente policiaca para el periódico El Imparcial de Oaxaca. Esta crónica sobre su experiencias en el 2006, en plena revuelta popular de la APPO, nos habla del casi imposible ejercicio del periodismo en medio de grandes conflictos y de la impunidad reinante en México. El testimonio de un hombre que estuvo en primera línea y pagó su precio.
Cuando me volví noticia / Haniel Morgan Chávez



Cubrir la fuente policiaca ha sido una de las experiencias más intensas que he tenido en la vida. Creo que aprendí el verdadero espíritu del oficio en ese tiempo.

La primera nota que cubrí fue el suicidio de una mujer indígena que después de una pelea conyugal decidió colgarse en el patio mientras su madre y su esposo dormían.

Jamás había entrado a una morgue, hasta que tuve que fotografiar el cuerpo de una sexoservidora muerta en un accidente de tránsito. Y así comenzó la historia que hoy, solo por no dejar de escribir quiero compartirle.

Corría el 2006 y los maestros de la sec.22 de Oaxaca como cada año tenían instalado tremendo plantón en el zócalo de la ciudad. Eso para quienes crecimos en ese estado era normal, aunque lo que no me resultó normal es que luego de varios años fuera, al volver, cuando busqué trabajo, descubrí que no existen oportunidades reales de desarrollo.

Así llegué al diario el Imparcial de Oaxaca, con la APPO dando sus primeros pasos, y la autoridad dejando indefensas a miles de personas ajenas al conflicto.

Recuerdo las barricadas, recuerdo los cables de acero que se colocaban sin señalamientos en las esquinas y que costaron la vida y lesiones a más de uno. Conduje una motoneta en esos meses, era el transporte perfecto ante los cierres, manifestaciones y demás bloqueos.




Bradley Will, víctima de la represión en Oaxaca (Flickr CC: Jabi Zabala)


La tarde en que Bradley Will fue asesinado llamaron a mi celular para avisarme de la balacera, pero antes de llegar al lugar, mi hermano me dijo que habían matado a un reportero, así que preferí llegar directo al anfiteatro en donde dicho de paso los cadáveres para esa fecha se apilaban como si se tratara de cajas viejas de cartón. El ambiente era sombrío, un espíritu de muerte se había postrado sobre la ciudad, conté al menos 5 reportes de homicidios entre la tarde y las 11 de la noche de ese día, sin embargo la policía debido a los múltiples cierres y bloqueos decidió no actuar, todo era confuso ese noche y no volvió a saberse nada de esos hechos, todos se enfocaron en la muerte del reportero extranjero, del cual recuerdo su rostro sin color, los ojos abiertos, un tiro en el pecho y otro en el costado derecho.

Todos los reporteros estábamos en el estacionamiento del anfiteatro esa noche, todos queríamos respuestas. Bradley siempre andaba con la gente de la APPO, unos días antes lo vi entrevistando a algunos de sus miembros frente al hospital civil y ahora estaba en esa plancha de granito. Desperté a la realidad en que los reporteros podemos en un segundo pasar de contar las noticias a ser la noticia.

Mientras; en la colonia donde vivía a partir de las diez de la noche unos sujetos atravesaban vehículos a la entrada y salida y controlaban el acceso, pedían cuotas para poder transitar y propinaban golpizas a quienes se atrevían a desafiarlos. El encono, la desigualdad social, la ignorancia, fueron elementos que ayudaron a que ese movimiento tomara forma. Y que era de todo menos un reflejo real del sentir de la sociedad oaxaqueña.



La APPO, o la revuelta del 2006 (Flickr CC: ledpup)

Cada medio dio su propia versión de lo ocurrido, cada corriente política también lo hizo, sin embargo quienes lo vivimos, somos los que podemos contar y dar una visión objetiva de la historia. Lo mismo que hoy en el país, donde a pesar de los esfuerzos oficiales por mostrar su versión, es innegable que hay una historia mucho más grande que el narcotráfico detrás de esta absurda masacre; es innegable que en esta parte de la historia de nuestro México se entrelazan factores, intereses y personajes que no aparecen en los noticieros.

Fue muy difícil realizar el trabajo en ese tiempo, había que cuidarse de los APPOS, de la PFP y claro de la policía local. Además de la ola de delincuencia que se desató en la ciudad y que dio lugar a los amarrados. Los vecinos tenían que organizarse, atrapaban a los delincuentes los ataban al poste más cercano, golpeados, desnudos, humillados y después abandonados en el mejor de los casos. Algo muy similar con lo que comienza a verse en el país en estos días.

Así llegamos al 9 de diciembre cuando al tratar de entrevistar al director de la policía ministerial del estado Manuel Moreno Rivas fui golpeado, amenazado, arrastrado y finalmente detenido.

Dos días antes a un costado de las instalaciones de la ministerial sacaban armas largas y las colocaban en la parte trasera de una camioneta, pregunté qué pasaba y uno de los agentes me dijo:

-Nada guey, nada.

Pero una voz dijo:

-Ese es el oreja!

El día anterior la PFP cateó las instalaciones ministeriales, encontraron armas sin registro y autos robados, hubo detenidos y molestia entre el personal.




La nota del nueve de diciembre era entrevistar a Manuel Moreno y tener la foto en el momento que se reunía con su gente después del cateo (en el estacionamiento de la policía ministerial) en un lugar público. Pero al escucharse ¡ese es el oreja! todos voltearon a verme, me llevaron en medio de los aproximadamente setenta policías ante Manuel Moreno, quise entrevistarlo, no me dejó, dijo que nadie me conocía, los policías y comandantes que todos los días me saludaban dijeron no conocerme ante su jefe.

Me identifiqué, Manuel Moreno dijo “me vale madres tu gafete y te vas detenido”, “¡cómo se te ocurre meterte a una reunión privada cabrón!”. Me jalaron del cabello levantándome la cara, vi una bota que venía directo a mi rostro, cerré los ojos y no sentí la patada o si me la alcanzó a dar, luego golpes en la espalda, las piernas, hasta que las fuerzas se acaban, terminas arrastrado y luego las rejas; las ideas fluyen y fluyen, pensé en mi familia, pensé en el encabezado del periódico al día siguiente, trataba de no olvidar ningún detalle; si lograba salir tenía que contarlo con el mayor apego y veracidad.

Cuarenta minutos después vinieron por mí dos personas armadas, me llevaron a la oficina de Manuel Moreno. Ahí me recalcó que había cometido un gran error al estar en el estacionamiento y tratar de entrevistarlo “ni modo, pa que veas lo que se siente” y se rió. Después dijo:

-Mañana no quiero ni una pinche nota de este problema si no, ya sé que contigo no se puede trabajar.

Sonó el teléfono, era la procuradora Rosa Lizbeth Caña Cadeza, deduje que preguntaba por el incidente ya que contestó:

-Licenciada, nada pasó, sólo estoy platicando con el reportero.

Después vinieron entrevistas, denuncias, llamadas anónimas, amenazas. Una semana después me atropellaron, terminé el 2006 en cama golpeado física y espiritualmente. Varios quisieron colgarse del hecho para sacar ventaja y beneficios y quizá lo lograron, eso ya no importa.

Al final, en lo político Calderón asumió la presidencia, Ulises Ruíz terminó su mandato, Flavio Sosa es diputado, yo renuncié al periódico y decidí con una mano adelante y otra atrás regresar a Monterrey, donde ahora paradójicamente igual que en 2006 hay que cuidarse de los delincuentes, la PFP, la policía local y el ejército. De eso ya les iré contando.

Por lo pronto me despido son casi las tres de la mañana y sólo por no dejar de escribir, nos leeremos despué


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#AMLO2012

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