2 de noviembre de 2011

Por Esto! | Una religión anacrónica - LA RELIGIÓN CATÓLICA EN DECADENCIA

Por Esto! | Yucatán:

Una religión anacrónica


Juan José Morales
Escrutinio
Según el último censo de población, levantado el año pasado, de los 112 millones de habitantes del país, casi 93 millones dijeron ser católicos. En términos relativos, esto significa el 83% de la población. Diez años atrás, en 2000, los datos censales indicaron que había un 88% de católicos. Ciertamente, ha sido una disminución considerable, de cinco puntos porcentuales en una década.
Vistas las cosas desde otro ángulo, en números absolutos, actualmente cerca de 20 millones de compatriotas no profesan el catolicismo sino otras religiones o ninguna. Y aquí cabe precisar que buen número de personas se declaran católicas simplemente por haber sido bautizadas, por provenir de una familia católica o porque lo fueron en su infancia, aunque nunca o sólo ocasionalmente acudan a misa y cumplan conscientemente algunas de las obligaciones que impone esa religión. Son los que podrían denominarse católicos de boda, bautizo y compadrazgo.
Más importante aún es el hecho de que más de cinco millones y cuarto de mexicanos declararon abiertamente no practicar ninguna religión y de otros tres millones no pudo precisarse si pertenecen a alguna. Existen, pues, más de ocho millones de mexicanos sin religión o cuya situación al respecto es muy vaga e imprecisa.
En tiempos no muy lejanos, todo esto habría parecido inconcebible, y en una época esos ocho millones de compatriotas habrían terminado en la hoguera o en las mazmorras de la Santa Inquisición.
Desde luego, uno se preguntará a qué se debe esa disminución en el número de católicos. No soy experto en el tema, y no me atrevería a elaborar una hipótesis, pero es evidente que influyen diversos factores. Algunos grupos religiosos, como la llamada Iglesia del Reino de Dios —muy conocida por sus costosos programas televisivos de proselitismo—, suman adeptos porque manipulan la esperanza de la gente de encontrar solución a sus problemas. Por lo general, sin embargo, las iglesias cristianas minoritarias —las llamadas evangélicas o protestantes— ganan cada día más seguidores porque funcionan como verdaderas comunidades en las cuales los miembros se sienten iguales entre sí —incluso tienen la posibilidad de convertirse en pastores o guías del grupo— y se prestan apoyo y ayuda. En esas comunidades religiosas el pastor es una persona común y corriente, no alguien ajeno y distante, ataviado de manera especial y a menudo con lujosos ornamentos, como los sacerdotes católicos.
La Iglesia Católica, en cambio, sigue apegada al viejo concepto de que los fieles son un simple rebaño sin voluntad, pastoreado por el cura, que se siente —y a quien los fieles sienten— muy distante y superior a ellos. De hecho, la simbología y la terminología de la Iglesia reflejan esa concepción. No es casual que los obispos porten como símbolo de autoridad el báculo, que es el cayado o vara curvada en la punta que usan los pastores para arrear a las ovejas y con el cual atrapan y reincorporan al rebaño a cualquiera de ellas que se aparte de él. Se habla de “la grey católica”, y grey significa precisamente rebaño.
De hecho, la palabra cura con que se conoce comúnmente a los sacerdotes católicos se originó en la Edad Media por el hecho de que los clérigos encargados de las parroquias —que eran feudos menores sometidos al obispo— tenían entre sus funciones la cura de almas. Pero se comportaban como pequeños señores feudales, y así como a los grandes señores sus siervos debían besarles la mano, los fieles de una parroquia debían besársela al cura —y, desde luego, a los obispos, que jerárquicamente eran sus superiores— como una muestra de sumisión y obediencia.
Curiosamente, sin embargo, en la religión católica a los sacerdotes no se les llama pastores —sólo a veces, metafóricamente, como cuando se dice “pastor de almas”— sino sacerdotes, curas, padres, párrocos, clérigos, etc. En cambio, en los grupos religiosos cristianos, ajenos al catolicismo, si se les denomina pastores, aunque no actúan como tales sino más bien como compañeros sobresalientes.
Creo que ahí está la clave del asunto. Como leí en algún artículo, “el catolicismo es una religión que no ha evolucionado desde la Edad Media, es anacrónica, de pretensiones universales, sumamente intolerante y arrogante”, una religión que ya no satisface las aspiraciones de los hombres del siglo XXI.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx


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