El cuento del complot
HOMERO CAMPA Y J. JESUS ESQUIVEL
2011-10-15 06:47:40 · COMENTARIOS DESACTIVADOS
EDICION MEXICO, NARCOTERRORISMO,
La versión de Washington acerca del presunto plan iraní para asesinar al embajador saudita Abdel al-Jubeir en territorio estadunidense en colaboración con “un cártel mexicano” no ha resultado del todo creíble ni en Estados Unidos. Lo cierto es que el caso exhibe de nuevo los afanes belicistas de la administración Obama, que no oculta sus ansias por atacar a la República Islámica de Irán. El supuesto contacto en Estados Unidos para llevar a cabo el plan iraní, Manssor Arbabsiar, es un “perdedor” incapaz siquiera de organizar su propia vida, según sus conocidos. El propio New York Times lo admitió en su edición del jueves 13: Arbabsiar “parece ser más un oportunista con mala suerte que un asesino calculador”.
La fuerza Quds, considerada la unidad de élite más sofisticada de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, habría dejado en manos de “un fracasado” e “inútil” el supuesto plan de matar en Washington al embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos, Abdel al-Jubeir.
Según sus amigos, Manssor Arbabsiar, a quien el Departamento de Justicia acusa de ser el operador del plan, es un tipo amable, pero inestable, desorganizado, sin futuro… un perdedor.
En Estados Unidos, The Washington Post y The New York Times publicaron en sus ediciones del jueves 13 fragmentos biográficos y datos sobre la personalidad de Arbabsian, pieza clave de un supuesto complot que expertos ponen en duda pero que volvió a tensar las relaciones entre Washington y Teherán, gélidas desde hace tiempo.
Este episodio evidenció que las agencias estadunidenses no tuvieron empacho en utilizar territorio mexicano para seguir al presunto terrorista, toda vez que el supuesto complot se habría acordado en México.
Manssor Arbabsiar nació en Irán hace 56 años. Los últimos 30 los ha vivido en Estados Unidos, en el estado de Texas. Estudió por un tiempo ingeniería mecánica en la Universidad A&I. Se casó con una mujer de origen latino de nombre Esperanza, con quien procreó dos hijos. Se dedicó a la compra-venta de autos y puso un restaurante en la ciudad de Corpus Christi, aunque hasta su detención, el 29 de septiembre, vivía en Round Rock, cerca de la ciudad de Austin.
Obtuvo la ciudadanía estadunidense gracias a su matrimonio con Esperanza, de quien se divorció en 1987. La mujer obtuvo una orden de una Corte estatal que le prohibió acercarse a sus hijos. Años después se volvió a casar.
Algunos conocidos señalan que Arbabsiar “fumaba mariguana y tomaba alcohol con frecuencia”. Además, “tenía fama de mujeriego”. Una noche de 1981, en Houston, un hombre lo atacó con un cuchillo. Pensaba que el iraní quería quitarle la novia. Desde entonces trae la marca de una cuchillada en el rostro. Sus amigos le dicen Scarface (cara cortada).
En 2001 Arbabsiar fue acusado de fraude por emitir cheques sin fondos y tres años después la policía lo arrestó por conducir con una licencia de manejo irregular.
“Incursionó en varios negocios: venta de caballos, helados, autos usados, emparedados… pero en todos fracasó, dicen sus amigos”, según la nota publicada por The New York Times.
Ellos lo describen como inestable, desorganizado: “Se ponía calcetines de diferente color. Siempre perdía las llaves y el celular. No tiene la capacidad para llevar a cabo el plan” que Washington le achaca, dijo al diario neoyorkino Tom Hosseini, su amigo y excompañero de la universidad.
“Sam Rgsdale, quien tiene un negocio de venta de autos en Corpus Christi, usa una sola palabra para describir a Arbabsiar: un inútil”, señala The New York Times.
El diario añade que este hombre “parece ser más un oportunista con mala suerte que un asesino calculador”.
La historia oficial
No sólo el perfil de Arbabsiar despierta suspicacias; también la historia del supuesto complot. El Departamento de Justicia filtró a los medios estadunidenses la declaración jurada del agente especial del FBI Robert Woloszyn, la cual sustenta el encausamiento judicial asentado en la Corte Federal del Distrito de Manhattan.
De acuerdo con este documento, a principios de la primavera pasada Arbabsiar viajó a Teherán para visitar a su familia. Se encontró ahí con uno de sus primos, quien supuestamente es un importante oficial de Quds, la unidad de operaciones especiales de la Guardia Revolucionaria Islámica.
En la charla, Arbabsiar presumió que, “como resultado de sus negocios tanto en México como en Estados Unidos, conocía a personas que viajaban entre los dos países, algunos de los cuales creía que eran narcotraficantes”.
Su primo le pidió trabajar para él y le propuso contratar a alguien que “pudiera secuestrar” al embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos. “Tú deberías encontrar a alguien en el negocio del narcotráfico, porque la gente en ese negocio está dispuesta a realizar una actividad criminal a cambio de dinero”, le habría dicho su primo.
Según esta versión, Arbabsiar regresó a Estados Unidos y a partir de ese momento sus gastos corrieron a cargo de su primo (identificado sólo como Oficial Iraní No. 1) y del asistente de éste, Ali Gholam Shkuri, a quien el documento señala como coacusado.
De acuerdo con la citada declaración jurada, el 24 de mayo último Arbabsiar viajó de Texas a México para reunirse con un supuesto “socio” de un cártel mexicano del narcotráfico “grande, sofisticado y violento”. El documento no menciona el nombre de la organización –aunque los medios estadunidenses señalaron a Los Zetas– ni el nombre del presunto “socio”, a quien se identifica como CS1, y que en realidad resultó ser un informante de la agencia antinarcóticos de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) que todo el tiempo actuó siguiendo las directrices del FBI.
El documento señala que anteriormente un “estado” de la Unión Americana había acusado a CS1 por delitos de tráfico de drogas, pero que éstos fueron “desechados” debido a la cooperación del informante en varias investigaciones de narcotráfico. No obstante, omite explicar la forma en que Arbabsiar conoció a CS1 y lo que lo motivó a confiar en él.
Entre el 24 de mayo y el 20 de septiembre pasado, Arbabsiar y CS1 se reunieron por lo menos 11 veces. Al parecer, todas fueron en Reynosa, Tamaulipas.
–¿Tienes algún conocimiento sobre explosivos? –preguntó el iraní en el primer encuentro.
–Sé usar C-4 –contestó el informante de la DEA, quien grabó las conversaciones.
Entonces el iraní explicó que “estaba interesado en atacar una embajada de Arabia Saudita”.
El 23 de junio, Arbabsiar dijo a su interlocutor que él y sus contactos en Irán habían discutido “varias misiones violentas” que CS1 y su gente podían ejecutar, entre ellas atacar instalaciones de Arabia Saudita dentro y fuera de Estados Unidos, así como asesinar al embajador saudita en Washington, Abdel al-Jubeir.
En una reunión celebrada el 14 de julio, el objetivo de la misión se circunscribió al presunto asesinato del diplomático saudita.
–Necesitaré al menos cuatro muchachos. He hablado con uno de ellos. Quiere 1.5 (millones de dólares) por lo de Arabia Saudita –soltó CS1.
Arbabsiar “estuvo de acuerdo en que ese asesinato debería hacerse antes de discutir otros ataques”.
–¿Sólo quiere al hombre principal? –preguntó CS1.
–Sí: al embajador.
En esa conversación, Arbabsiar habló de más. Le dijo a CS1 que su primo era un “general importante” que trabajaba en otros países para el gobierno iraní, que no portaba uniforme ni cargaba pistola y que participó en una acción relacionada con bombas en Irak.
El 17 de julio, CS1 informó a Arbabsiar sobre los supuestos avances del “trabajo”.
–Mi muchacho está allá (…) Ya está listo en Washington. Tengo esto en la computadora. ¿Este es el tipo correcto? –preguntó CS1, mostrándole la foto del embajador saudita a Arbabsiar.
–Sí, es él.
CS1 explicó que al diplomático lo protegían siete u ocho guardias de seguridad; también le dijo que acostumbraba comer dos veces por semana en un restaurante.
–Mi muchacho ya está allá, vigilándolo; pero no sé qué es lo que tu primo quiere que yo haga –insistió CS1.
–Quiere que mates a este tipo.
–Va a haber estadunidenses allí… en el restaurante. ¿Quieres que lo haga afuera o adentro?
–No importa cómo lo hagas. Si lo haces por ti mismo, matarlo es mejor, pero… algunas veces, tú sabes, no tienes opción. ¿Me explico?
CS1 le advirtió al iraní que podría morir más gente.
–Dale en el restaurante. Si puedes hacerlo afuera, hazlo; si no, pégale al restaurante, ¿de acuerdo? –le ordenó Arbabsiar.
–Pero habrá unos 100 o 150 personas y senadores que van a comer ahí.
–No hay problema… no es gran cosa…
Llamadas a Teherán
CS1 dio a Arbabsiar un número de cuenta bancaria que estaba controlada por el FBI, cuyos agentes detectaron dos transferencias bancarias de 50 mil dólares cada una: la primera el 1 de agosto y la segunda el día 9 del mismo mes. Eran los supuestos pagos que el iraní ofreció a CS1 como adelanto.
El 20 de julio, Arbabsiar viajó de México a Irán para informar sobre los avances del complot. Ahí se reunió con Shakuri, el asistente de su primo, y con otros dos importantes oficiales iraníes. Cree que uno de ellos era el máximo jefe de Quds.
Desde su país natal, Arbabsiar se comunicó en varias ocasiones por teléfono con CS1. En una de las llamadas –la del 20 de septiembre–, CS1 cambió la jugada: le dijo que todo estaba listo para hacer el trabajo, pero pedía como adelanto la mitad de la suma pactada (1.5 millones de dólares) o que el propio Arbabsiar viniera a México para que sirviera como garantía de que se pagaría la totalidad del dinero una vez que “el trabajo estuviese hecho”.
En Irán, Shakuri comentó a Arbabsiar que no habría más dinero para CSI; incluso, le recomendó no viajar a México. Le advirtió que si lo hacía sería bajo su propio riesgo. Pero Arbabsiar aceptó el trato que le propuso CS1.
El 28 de septiembre, funcionarios del Instituto Nacional de Migración detuvieron a Arbabsiar a su arribo al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y lo deportaron a Nueva York. Llegó un día después al aeropuerto John F. Kennedy, donde quedó en manos de agentes del FBI. Entre su equipaje encontraron 3 mil 900 dólares, dinero iraní y un boleto de avión para salir de México en octubre con un itinerario cuyo destino final era Teherán.
Según el encausamiento judicial del caso, el iraní confesó todo durante los interrogatorios a los que fue sometido; incluso, aceptó que altos oficiales iraníes con los que se reunió en Teherán habían aprobado el asesinato del embajador saudita y la eventual voladura del restaurante donde éste iría a comer.
El documento señala en un pie de página que los agentes del FBI mostraron a Arbabsiar siete fotografías de los dirigentes de Quds, entre ellas dos que “no están disponibles” para el público. En una, Arbabsiar identificó a uno de los oficiales con los que presuntamente se reunió en Teherán. El documento no menciona su nombre; sólo lo clasifica como “Oficial Iraní No. 2”.
Según el encausamiento judicial, los agentes del FBI aprovecharon que los oficiales iraníes creían que Arbabsiar se encontraba en México para proponerle al acusado que se comunicara con ellos. En las llamadas Arbabsiar utilizó la palabra en clave “Chevrolet” que supuestamente había acordado para referirse al atentado contra el embajador saudita.
–Quiero decirte que Chevrolet está listo para ser hecho. Quieres que continúe, ¿verdad? –comentó Arbabsiar a Shakuri.
–Sí, sí, sí… ¿Quieres decir que estás comprando todo para esto? –preguntó Shakuri.
–No lo sé, por ahora…Todo esta listo, ¿de acuerdo?
–Entonces cómpralo, cómpralo.
–Este muchacho quiere algo de dinero, quiere algún desembolso. ¿Qué dices? ¿Podrías darme algo más? Él quiere el otro 50%…
–Contigo ahí, no, no… El monto está bien. Le daremos el resto, pero primero debe comprar el auto para nosotros….
Las dudas
Después de que las autoridades estadunidenses hicieron pública su versión del complot, diarios estadunidenses y expertos en Irán y en terrorismo internacional la pusieron en duda.
El miércoles 12, The Washington Post publicó: “Algunos especialistas en temas de Irán expresan escepticismo sobre las razones que tendría una República islámica para asesinar a un importante funcionario saudita. Sería como lanzar un acto de guerra virtual contra ese país desde territorio de Estados Unidos”.
El diario cita a Alireza Nader, especialista en temas iraníes de la Corporación Rand: “No estoy desechando las evidencias necesarias; además, Irán tiene un largo historial de apoyo al terrorismo, pero un complot contra el embajador saudita en Washington estaría fuera de la norma”.
Robert Baer, antiguo agente de la CIA en la región de Medio Oriente, también declaró al Washington Post: “Los miembros de Quds son muy profesionales y astutos. Si quisieran eliminar a alguien, esa persona ya estaría muerta”.
El jueves 13, The New York Times señaló que incluso “altos funcionarios del gobierno estadunidense debatían las razones por las cuales Quds podría orquestar un ataque tan arriesgado de una manera tan amateur”.
La consultora Stratfor, por su parte, emitió el miércoles 12 un reporte en el que calificó de improbable que los cárteles mexicanos de la droga apoyaran actos terroristas en Estados Unidos.
Argumentó que las organizaciones del narcotráfico “no buscan hacer dinero fácil o involucrarse en proclamas políticas violentas de otros. Los cárteles mexicanos ya enfrentan sus propios problemas, como las batallas entre ellos y en contra del gobierno de México. Cualquier incursión en territorio internacional sería malo para sus negocios”.
El jueves 13, durante una audiencia del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, Michael Brownfield, subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Internacionales sobre Narcóticos y la Aplicación de la Ley, admitió que no cuenta con evidencias sobre contactos entre grupos terroristas y organizaciones del tráfico de drogas de México.
“Desconozco cualquier dato o evidencia dura. He visto reportes; también he escuchado rumores en el mismo sentido que usted, pero no podría hablar de un caso específico en el que pueda decir que tengo certeza”, respondió Brownfield a la pregunta específica formulada por el representante republicano de Texas, Michael McCaul, sobre los presuntos lazos entre narcos mexicanos y terroristas.
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