CONTRARREVOLUCIÓN PRESIDENCIAL: EXPEDIENTE AL DESCUBIERTO
“No debemos nunca dejarnos deslumbrar
por el brillo del que se encuentra en el Poder”
Francisco I. Madero.
Por: José Alfonso Suárez del Real y Aguilera
A última hora del 19 de noviembre, la Presidencia de la República informó que el evento conmemorativo del Centenario se trasladaría del monumento a Madero ubicado en el interior de la Residencia Oficial de Los Pinos, a un costado de la explanada del Palacio de las Bellas Artes.
El motivo del cambio, se dijo, sería la develación de una estatua ecuestre del Apóstol de la Democracia, y por ende en ese lugar el titular del Ejecutivo emitiría el discurso oficial correspondiente al Centenario del inicio de la Revolución.
La alteración al programa original demuestra una extraña e inusual modificación a la agenda presidencial en la que se pudieron conjuntar varios elementos para sustentar un cambio tan arriesgado para la logística y la seguridad del presidente y sus invitados.
Una de las razones podría tratarse del contraste que se daría entre los eventos alusivos que encabezarían el Jefe de Gobierno del Distrito Federal y el líder del Movimiento Obradorista, que se llevarían a cabo en simbólicos espacios públicos por lo que la ceremonia original daba la idea de que el titular del Ejecutivo se resguardaba tras los muros de la residencia oficial y el fuerte dispositivo de seguridad que es usual en esas instalaciones.
Otra consideración debió haber surgido del hecho de que la estatua ecuestre de Don Francisco I. Madero estaba lista y podía ser develada, constituyendo dicho acto una “sorpresa” para los capitalinos que desconocían de su existencia y en ese contexto el Ejecutivo Federal consideró que el lugar más emblemático para colocar la referida estatua frente a la explanada de Bellas Artes, hito histórico que representa el último estertor de la afrancesada dictadura porfirista.
Ante lo vivido en los eventos organizados por el Ejecutivo federal este 20 de noviembre, resultó obvió que el centenario del inicio de la Revolución les resultó una verdadera pesadilla, el deslucimiento y un ambiente más cercano a la cobertura de un expediente dejó sentir que en el fondo la administración de Calderón se asumió íntegramente como los grandes perdedores de ese movimiento popular, y que su identificación histórica está más con el entreguismo y las políticas de enriquecimiento sin mesura a costa del trabajo del pueblo, que generaron la repulsa popular que inició en 1910.
Este sentimiento de revancha que se apoderó del Ejecutivo, comenzó por imponer su visión militarista por sobre el espíritu pacifista que caracterizaba a la ceremonia cívica del 20 de noviembre, obligando al Ejército a marchar en lugar de deportistas y trabajadores que desde 1936 “reflejan la voluntad pacifista y conciliadora de nuestro pueblo”, como expresa la exposición de motivos del decreto presidencial del Gral. Cárdenas con el que quedó establecida la efeméride en el calendario cívico nacional.
No contento con ello, el titular del Ejecutivo se negó a conciliar con el gobierno del Distrito Federal su participación en el evento conmemorativo en el Mausoleo a la Revolución, o el acuerdo para que su administración organizara un evento en ese recinto, cualquiera de las dos opciones le obligaban a rendir homenaje a los restos de Carranza, Villa, Calles y Cárdenas, además de los de Don Francisco I. Madero, expresando su profundo rechazo a los próceres que encabezaron el movimiento revolucionario.
Por último, su decisión de conmemorar frente al Palacio de las Bellas Artes fue un íntimo desplante reivindicatorio del porfiriato y un desangelado giño a la memoria de Madero, más en su carácter de patriarca de una estirpe que se cobijó en el panismo, que en el iniciador de una profunda transformación democrática.
Pese a que en su discurso el presidente invocó de forma reiterada al Apóstol de la Democracia y mencionó a Zapata y a Villa, - por deferencia a sus deudos presentes - y en su beligerante y gustado ambiente pretendió, - como sentenció Madero - deslumbrarnos con el brillo de sus palabras y con su particular doble discurso instó a impedir la manipulación de la democracia, cuando minutos antes él mismo la utilizó para excusar la guerra que unilateralmente inició en diciembre de 2006.
¡AMLO 2012!
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