Buscaba empleo, lo hiere coche-bomba, y ahora debe $130 mil a hospital
Rocío Gallegos
El Diario | 21-07-2010 | 00:04 | Local
Las esquirlas del artefacto explosivo que estalló la noche del jueves le reventaron su intestino grueso, le dejaron lesiones en la cabeza, pecho y pierna izquierda.
“Volví a nacer”, dice con lágrimas Eliseo Carrillo Márquez, uno de los sobrevivientes del ataque con coche-bomba en esta frontera.
El hombre de 42 años lleva cinco días hospitalizado y aunque da gracias a Dios de tener vida, su rostro refleja preocupación porque hasta el momento debe casi 130 mil pesos al Centro Médico de Especialidades donde fue internado “contra su voluntad” y no tiene cómo cubrir esa cuenta.
Al momento de la explosión él caminaba sobre la avenida 16 de Septiembre, casi a la altura de la calle Guatemala, a menos de una cuadra de donde ocurrió la detonación, andaba en busca trabajo.
Es chofer y buscaba empleo como taxista en un sitio de ese sector, narra ahora postrado en la cama del hospital.
Hasta ahora ningún representante de alguna instancia de gobierno se ha acercado a conocer su condición.
Personal de la institución médica ya le pasó a su familia el primer reporte de su deuda y eso le angustia.
Comenta que cuando fue recogido por los paramédicos preguntó “a dónde me llevan” y uno de ellos le respondió que al Centro Médico.
“Yo le dije al de la ambulancia que no, porque es muy caro, y no me hicieron caso, me dijeron que esa era la instrucción porque todos iban escoltados, ahora tengo la deuda y no la puedo pagar”, dice Carrillo.
Él es el único sostén de su hogar, en la colonia Revolución Mexicana, donde habita con su madre, una mujer de 76 años que lo ha acompañado en estos momentos.
El administrador del hospital, Fabricio Sánchez, comenta que cuando Eliseo llegó al Centro Médico se pensó que era gente de Rescate y por la gravedad de sus lesiones fue atendido de emergencia.
“Ahora tenemos un lío, quién va a pagar su cuenta”, señala el directivo del nosocomio donde Eliseo aún permanece internado.
Dice que buscarán la forma de ayudarle para que pague de alguna manera. La situación le arranca las lágrimas a este hombre, aunque trata de sonreír y hasta de bromear cuando su madre entra a su habitación.
La tarde-noche del jueves estalló un explosivo que estaba dentro de un vehículo en el crucero de 16 de Septiembre y Bolivia, justo cuando policías federales y paramédicos se acercaron a atender a un hombre que fue vestido con un uniforme de la Policía Municipal.
El atentado, inédito en esta frontera, ocasionó la muerte de tres personas: un agente de la Policía Federal, el individuo asesinado en el lugar antes de la detonación –que luego trascendió fue utilizado como señuelo para las autoridades– y un médico que se acercó a tratar de salvar la vida al baleado.
Eliseo narra que ese día de la tragedia “venía caminando del Centro, entonces vi a un policía tirado y los federales que estaban en el lugar me dijeron que me retirara, a toda la gente nos decían: ‘retírense’. Y me empecé a retirar, pero apenas caminé unos pasos cuando ocurrió la explosión”.
“Sentí todo mi cuerpo caliente, me toqué la cabeza y cuando me vi ya estaba bañado en sangre”, menciona al tiempo que su rostro se pone rojo y trata de evitar con sus manos que las lágrimas escurran por sus mejillas.
Fue entonces que recibió el auxilio de los paramédicos que lo trasladaron junto con otros siete lesionados de ese atentado, entre ellos el camarógrafo del canal 5, Luis Hernández, así como rescatistas y policías federales.
Eliseo señala que en todo momento estuvo consciente, nunca perdió el conocimiento hasta que entró a cirugía la misma noche del jueves.
“El viernes amanecí operado del estómago, donde se me presentó la lesión más peligrosa, porque me entró una esquirla y me dañó el intestino grueso”, dice.
Para ayudarlo se le hizo una cirugía que le dejó una cicatriz de más de 30 centímetros, desde la boca del estómago hasta la parte baja del vientre.
Su madre, Elena Márquez, dice que da gracias a Dios de tener con vida a su hijo, el penúltimo de siete, cinco mujeres y dos hombres.
Pero a excepción de Eliseo todos están casados, así que “sólo nosotros dos vivimos juntos”, comenta la mujer sentada junto a la cama donde reposa el enfermo.
Ellos habitan en una vivienda en la Revolución Mexicana, al poniente de la ciudad. Comenta que su hijo se las ingeniaba para llevar cuando menos 100 pesos diarios a la casa, “con eso vivíamos”.
Eliseo comenta que durante este tiempo ha reflexionado mucho de su vida, sobre todo en esta ciudad.
“Ahora debo andar con más cuidado y lo que menos pueda andar en la calle mejor”, asegura con una sonrisa que no logra borrar la tristeza de su rostro.
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