11 de junio de 2010

www.amedi.org.mx: Si no existiera Televisa -TELEVISA NO EDUCA DICEN, PERO SI MAL EDUCA

Si no existiera Televisa


Si no existiera Televisa
Jorge Bravo

Televisa se ha convertido en un factor de deterioro y retroceso cultural de los mexicanos. Durante más de 50 años ha venido acompañando –propiciándolo en buena parte– el quebranto en los índices de calidad educativa de la población. No se exagera cuando se dice que lo que la escuela construye por la mañana lo destruye la televisión durante la tarde. Los 53 mil 519 millones de pesos que ganó la televisora durante 2009, contrastan con la indigencia de sus contenidos. La paradoja es que dicha riqueza ha sido generada, en parte, por la pobreza que transmite a través de su pantalla.

Es cierto que Televisa no es la Secretaría de Educación Pública –como alguna vez lo recordara Emilio Azcárraga Milmo y lo reiterara su descendiente–, pero sería ingenuo suponer que la televisión no es un instrumento de socialización capaz de crear no sólo hábitos de consumo sino valores sociales de todo tipo, como en su momento lo hizo la Iglesia, la escuela y la familia. En México 95.5 por ciento de la población se entera de lo que ocurre en la realidad a través de la televisión.

Como sostiene de manera contundente el politólogo italiano Michelangelo Bovero, los medios de comunicación maleducan a los ciudadanos. Televisa no educa (porque dice que no le corresponde), pero sí maleduca. No ofrece contenidos formativos, sino deformativos.

Lo importante es saber que ese modelo de comunicación social no es natural sino que fue impuesto. No surgió de la nada ni es unívoco. Tampoco es el mejor ni necesariamente debe permanecer por los siglos de los siglos. No sólo responde a requerimientos técnicos y económicos retomados de Estados Unidos sino a un proyecto político e ideológico. El actual sistema de medios –lo repetimos para que no se olvide– no se hubiera desarrollado de la manera como lo hizo de no haber sido por la complacencia del régimen autoritario. Pero los tiempos han cambiado y esa relación medios-poder ya no es inmutable. Es difícil transformarla porque se dejó crecer al Gólem y ahora los conglomerados de comunicación tienen capacidad de presión y extorsión. Se requieren cambios legislativos, una audiencia más crítica y observatorios que exhiban el trabajo de los medios.

Resulta todavía más relevante saber que ese modelo podría cambiar si se aglutinan una serie de factores en ese sentido. ¿Cuáles serían algunos de ellos?

1. Recordar la historia. En 1947 el gobierno del presidente Miguel Alemán Valdés integró la llamada Comisión Novo-Camarena para analizar los dos modelos de organización y funcionamiento de la televisión que “serviría mejor a los fines de beneficio público que deberían normar la acción del gobierno y su actitud frente al desarrollo técnico de los instrumentos de comunicación social”.

Sobre el paradigma comercial de Estados Unidos, el escritor Salvador Novo y el ingeniero Guillermo González Camarena anotaron: “La medida del éxito de un sistema comercial de radio o televisión la da el número de oyentes que conquista. Se trata de cantidad: no de calidad, ni de programas, ni en auditorio [...] Mientras no sea negocio; esto es, mientras no aparezcan patrocinadores comerciales capaces de pagar programas caros de estudio, la televisión norteamericana no incurre en despilfarros, y se concentra en la transmisión de espectáculos deportivos.”

La opinión de ambos sobre el modelo de la BBC londinense fue la siguiente: “En la Gran Bretaña, en cambio, radio y televisión caen bajo el dominio de un monopolio que excluye toda mira comercial en el contenido que imparte a sus actividades. La responsabilidad del monopolio no es para con los anunciantes. Lo contrae con la sociedad y ante el gobierno. En sus manos la radio o la televisión, el receptor deja de ser un agente mixto de ventas y de diversión para trocarse en un instrumento desinteresado apto a los mejores contenidos. El monopolio puede prescindir del apremio que aflige al medio comercial por muchas razones: porque sabe que lo que se ofrece no se paga con dinero; porque lo que ofrece –en música, en rama o en conocimiento científico o artístico– no pasa de moda; y porque no sufre el acicate de un patrocinador interesado en salir de su mercancía” (citado de Televisiones en México. Un recuento histórico de Francisco Hernández Lomelí y Guillermo Orozco).

En los orígenes de la televisión en México de lo que se trataba era de impulsar un sistema de radiodifusión de beneficio público, no privado. Aunque seguramente no estaba en los planes del gobierno promover un modelo con esas características (Miguel Alemán participaría activamente en el nuevo negocio de la televisión), lo importante es recordar que sí existían otras opciones al esquema comercial que finalmente se impuso. Televisa no es la única opción de televisión, tampoco es la mejor; pero sí es el modelo que históricamente colocaría a la televisión en México como un rotundo fracaso en términos de desarrollo cultural. Recordar la historia nos permite saber que no necesariamente Televisa llegó para quedarse. Eso puede cambiar.

2. Cumplir la ley. El artículo 5-III de la Ley Federal de Radio y Televisión es muy claro cuando señala que entre las funciones sociales de la radiodifusión se encuentran, entre otras, coadyuvar al mejoramiento de las formas de convivencia humana, evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez y la juventud y –aunque no es la SEP– también tiene el mandato legal de contribuir a elevar el nivel cultural del pueblo. Esto último, queda claro, no ha ocurrido.

El artículo 4 de la misma ley advierte que la radiodifusión constituye una actividad de interés público y que el Estado debe protegerla y vigilarla para el debido cumplimiento de su función social. Esto es, el gobierno también es copartícipe, al no regular los contenidos, del menoscabo cultural que hemos señalado y padecido.

3. Más opciones. Aun sin cambios a la actual legislación en la materia, bastaría voluntad y un acto administrativo del Ejecutivo federal para autorizar la operación de una tercera cadena de televisión abierta en México. Desde el inicio de los gobiernos panistas no se ha otorgado una nueva concesión de radio y televisión. Han sido omisos y opacos a la hora de esclarecer la disponibilidad de espectro radioeléctrico para operar una tercera cadena de televisión nacional. Ese ha sido uno de los tantos pretextos para no permitir una mayor competencia en el sector.

Una muestra de la opacidad y secretismo con que ha actuado el gobierno en materia de medios es la creación, el 31 de marzo, del nuevo Organismo Promotor de Medios Audiovisuales (OPMA). La Secretaría de Gobernación, dependencia a la que corresponde su administración, no han querido aclarar y precisar los verdaderos motivos y alcances de ese organismo. En todo caso (pero es sólo una suposición alegre), el OMPA se vislumbra como un posible contrapeso a los medios comerciales, por cuanto uno de sus fines será el de “constituirse en una plataforma para la libre expresión, que promueva el desarrollo educativo, cultural y cívico de los mexicanos y promueva el intercambio cultural internacional”. La gran asignatura pendiente de la televisión comercial.

El gobierno calderonista tiene, por lo menos, tres opciones: 1) licitar frecuencias para que nuevos actores privados compitan por obtener concesiones que les permita operar una tercera cadena. 2) Crear un auténtico sistema de televisión pública, aprovechando la infraestructura y frecuencias que ya poseen los canales 11 y 22, otorgándole nuevas (¿será esa la función del OMPA?). Incluso puede rendir frutos la estructura de la Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México, que aglutina a los medios públicos del país. 3) Autorizar el cambio en el título de concesión de Telmex para que también pueda transmitir televisión restringida, de esta manera surgiría un competidor fuerte para Televisa. Lo curioso es que el presidente podría realizar las tres acciones y, hasta el momento, no ha emprendido ninguna.

4. Más concesiones y avance tecnológico, pero también requisitos y mejores contenidos. El discurso de las empresas es que se puede hacer y ofrecer todo lo que la tecnología permita. Con la digitalización y la convergencia ese postulado es irrebatible. Pero obtener dividendos a partir de los avances tecnológicos no está desligado de compartir beneficios sociales y abordar el tema de los contenidos. No sólo se trata de transportar señales sino saber qué se transmite a través de las redes de telecomunicaciones o el espectro electromagnético.

Si Televisa-Nextel quieren competir por las bandas de frecuencias que les permitirá ofrecer servicios de telefonía móvil de última generación; o bien, si Televisa-Telefónica-Megacable buscan ganar la red troncal de fibra óptica de la Comisión Federal de Electricidad, sería pertinente que, además de tomar en cuenta las propuestas económicas por tratarse de un recurso escaso, se establecieran criterios de calidad en el servicio, obligaciones de cobertura social y regulación de contenidos.

Emilio Azcárraga Jean comunicó a sus accionistas que “nuestra habilidad de obtener espectro a licitarse en México durante 2010 para ofrecer servicios móviles será un paso importante en este proceso de diversificación”. Pero no sólo se trata de que Televisa o cualquier otra empresa que resulte ganadora diversifique sus negocios y servicios, sino de que la diversidad y pluralidad beneficie en primer lugar a los usuarios y consumidores.



¡Es un Honor Estar con Obrador!

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