Un funeral que dura cuatro décadas
Los familiares de vícitmas de desaparición forzada durante la guerra en Guatemala reclaman el cese de la impunidad
11.05.2010 · Alesia Martínez · (Guatemala)
Cientos de familiares de desaparecios acuden al cementerio de La Verbena durante el inicio de las exhumaciones (Foto: Alesia Martínez)
En medio de la desolación del camposanto un agujero de unos 3 metros de diámetro y entre 20 a 30 de profundidad, perfora la tierra. Es una fosa, y está prácticamente llena. Junto con el montón de huesos sueltos, escombros y retazos de tela, algunos cráneos macheteados asoman entre las rejillas. Es La Verbena, uno de los principales cementerios de Guatemala. Son, cadáveres desmembrados de hijos, hermanas, padres, sobrinas y maridos, testigos mudos del horror de la guerra.
Durante los 36 años que duró el conflicto armado interno en este país (1960-1996), se estima que alrededor de 250.000 personas murieron a consecuencia del mismo y más de 45.000 fueron desaparecidas, según relata el informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) de las Naciones Unidas.
Las investigaciones llevadas a cabo después de la Firma de los Acuerdos de Paz en el 96 establecieron que, en un 93% de los casos, la responsabilidad en las violaciones de derechos humanos acometidas principalmente por el ejército y los grupos paramilitares durante este periodo, recaía sobre el estado guatemalteco, que fue quien permitió que estos hechos sucedieran.
Pasados 14 años desde el cese de la guerra, decenas de familiares de desaparecidos acuden al cementerio capitalino, tristes y contentos a una vez, a presenciar el inicio de los trabajos de exhumación en La Verbena llevados a cabo por la Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG), institución científica no gubernamental que colabora en la reconstrucción de la historia reciente y en la dignificación de las víctimas por medio del aporte de elementos probatorios al sistema de justicia.
Es éste un momento histórico, pero ni llueve ni brilla el sol. Un día gris, acorde con la mezcolanza de sentimientos encontrados que comparten los reunidos para la presente ocasión. “No estamos en una fiesta, – comenta Lucrecia Molina, hermana de uno de los desaparecidos -, estamos en un funeral que dura ya cuatro décadas y que para muchos de nosotros no va a tener fin. No obstante, es importante que la responsabilidad sea asumida socialmente. Los familiares no queremos venganza sino verdad, justicia y castigo para los responsables”.
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