Por: Juliana Fregoso
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) — Durante más de 10 años, ante el temor gubernamental de que los organismos genéticamente modificados (OGM) tuvieran algún efecto secundario en el humano, nuestro país quedó fuera del mercado de la agrobiotecnología.
A los científicos nacionales que tenían investigaciones en transgénicos se les impuso por parte del gobierno federal una moratoria de facto hasta que no se comprobara que los OGM tenían efectos secundarios en los consumidores y en el ambiente.
Ahora, con la liberación de dos permisos de maíz, ambas a la estadounidense Monsanto, y uno de trigo para su siembra experimental en México el panorama no cambia, pues aunque ya no existe moratoria, el nuevo negocio de los transgénicos quedará en manos de las empresas trasnacionales.
La moratoria no sólo echó por la borda una treintena de investigaciones locales que llevaban un tiempo de avance promedio de cinco años, sino que eliminó toda posibilidad de que las empresas nacionales pudieran asociarse con científicos mexicanos para hacer sus investigaciones.
La única empresa mexicana que en su momento pudo haber tenido los recursos para producir a gran escala transgénicos mexicanos fue Seminis, que era propiedad del empresario regiomontano Alfonso Romo. La producción de OGM formaba parte del sueño del empresario mexicano que incluso había contactado a científicos nacionales para analizar la posibilidad de desarrollar investigaciones de manera conjunta.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
#Dontriananews gracias por escribirnos