16 de marzo de 2010

Edgar González Ruiz : La Inquisición contra Hidalgo

La Inquisición contra Hidalgo | Revista Contralínea |


La Inquisición contra Hidalgo
Autor: Edgar González Ruiz
Sección: Centenario



La madrugada del 16 de septiembre de 1810, en el pueblo de Dolores, en la intendencia de Guanajuato, el cura Miguel Hidalgo y Costilla dio inicio a la lucha por la Independencia de México.

Edgar González Ruiz*

Inteligente y culto, Hidalgo había sido rector del Colegio de San Nicolás, en Valladolid (hoy Morelia) y responsable del curato de Colima y de San Felipe Torresmochas, antes de hacerse cargo del de Dolores, en 1803.

Lector de los enciclopedistas, simpatizó con las ideas de libertad, igualdad y fraternidad que difundían las logias masónicas. Según algunos autores, a esa institución pertenecieron tanto él como Ignacio Allende.

Perseguido desde 1800

Por sus ideas avanzadas, el cura Hidalgo fue perseguido por la Inquisición muchos años antes de que encabezara el movimiento de Independencia.

El 16 de julio de 1800, dicho tribunal recibía denuncias contra el prócer, a quien se acusaba de haber dicho en conversaciones privadas que “Dios no castiga en este mundo con penas temporales”, es decir, que no manda catástrofes a la humanidad si no obedecen la voluntad divina.

Se acusaba a Hidalgo de respetar la libertad de conciencia de los judíos, pues no se podía demostrar que Cristo fue el mesías que aún esperan: “Ningún judío que piense con juicio se puede convertir, pues no consta del texto original de la Escritura que haya venido el mesías”.

Según esa denuncia, Hidalgo consideraba a Santa Teresa una “ilusa” porque se azotaba y ayunaba mucho, a la vez que criticaba los abusos que habían cometido algunos pontífices a lo largo de la historia.

Además, se le acusaba de considerar la sexualidad como algo natural, al afirmar que la “fornicación” no es un pecado sino un desahogo natural en el ser humano (Rogelio Orozco Farías, Fuentes históricas de la Independencia de México, 1808-1821, Jus, México, 1967, pp. 166-167).

El Santo Oficio mantenía en secreto la identidad del denunciante, que en este caso era el presbítero Joaquín Huesca, del convento de La Merced, en Valladolid, quien simplemente juró decir la verdad y no tener nada contra Hidalgo, sino que sólo actuaba “por descargo de su conciencia y en cumplimiento de su obligación”.

Por su amor a la libertad y al progreso, Hidalgo resultaba odioso a la Inquisición que por el momento mandó archivar la acusación para sumarla a otras, cuando se diera la ocasión, que se presentaría 10 años después (Toribio Medina, Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México, Fuente Cultural, México, 1952, p. 341).

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