8 de febrero de 2010

JUDITH TORREA: Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico: Una semana después de la masacre estudiantil

Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico: Una semana después de la masacre estudiantil:



Una semana después de la masacre estudiantil







Hoy sábado 6 de febrero, una semana después de la masacre estudiantil en Ciudad Juárez, os escribo siguiendo una promesa. Se la hice a Dolores Torres hace unas horas en la misma calle de la matanza. De 84 años de edad. Madre de una hija y de dos nietos: que no pueden dormir. Desde que escucharon los balazos. Y vieron a sus vecinos muertos.


Nunca me habían pedido esto. Lo hizo tomando mis manos y llorando:

-"Usted como prensa es el cuarto poder. No deje que Juárez desaparezca, se lo pido por favor. Mi hija va a huir pero yo me pienso que dar aquí. Es mi patria y no la voy a abandonar, menos ahora cuando más me necesita. El silencio provoca injusticia, sólo los muertos se quedan en silencio. Y moriré con el espíritu de lucha de mis familiares, revolucionarios con Pancho Villa".

Y Dolores lo dice en el patio de su hogar, colindante con las tres casas donde fueron acribilladas 28 personas y 15, no 16 (las autoridades acaban de rectificar que se confundieron con uno de los muertos de aquel mismo día en otro suceso, una adolescente de 13 años) que murieron. Me lo pide bajo la mirada de dos camionetas de la Cipol, los oficiales policiacos estatales, que al verme que sacaba mi grabadora para entrevistar a Dolores, se han acercado dos de ellos (Esparza y Guerrero) para preguntarme mi nombre y el medio en el que trabajo.

Ella vio cómo mataron a su vecino de enfrente, que salió a buscar a su hijo (ahora herido) cuando comenzó a escuchar los disparos. Con ella permanece la mirada de uno de los adolescentes con 18 tiros en su cuerpo: "Me acerqué y lo abracé y me dijo: "hable con mi mamá".

También vio que las ambulancias no llegaron hasta hora y media después de la masacre. A pesar de que la clínica del seguro social se encuentra a 5 minutos en carro de la calle. Y vio cómo los militares, federales y policias se presentaron 40 minutos después de la masacre. A pesar de que la estación de policia Bitácora, convertida en un campamento militar está a unos 7 minutos del lugar y la ciudad se ha convertido en retenes constantes de los militares dentro de la llamada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón.
La calle Villas del Portal está sola. A pesar de que es sábado y que el sol brilla con fuerza bajo un azul poderoso. De repente, tres mujeres surgen entre la soledad. Una de ellas lleva una enorme biblia en sus manos. La otra, una más pequeña. Y la tercera, un botecito de color verde con aceite. Y comienzan a acercarse a cada una de las casas de la matanza. Rezan, las ungen en el aceite. Para después continuar con el resto de la calle. "No tenemos miedo, confiamos en el señor", afirma Alicia Guerrero, de 55 años y madre de 4 hijos.



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