Carta abierta a Felipe Calderon Hinojosa.
Hace unos años, en unos de esos gestos propagandísticos a los que, como su antecesor Vicente Fox, es tan afecto, pasó usted revista a tropas del ejército mexicano enfundado en una guerrera verde olivo con las insignias del Comandante en Jefe. Poco después comenzó a hablar de la guerra contra el narco y tras lanzar al ejército a las calles inició una interminable serie de arengas patrióticas, llamados al combate, advertencias a los criminales y discursos preñados de triunfalismo. De entonces para acá los ciudadanos nos hemos visto sometidos a un bombardeo publicitario inclemente en el que se nos dice, por todos los medios, a todas horas y con cargo al erario público, que la guerra no declarada que se está librando contra el narco está siendo ganada por su gobierno y que las fuerzas del orden asestan golpes cada vez más decisivos al crimen organizado.
De esa parafernalia propagandística que acompaña al despliegue de miles de efectivos del ejército, la armada y la PFP, usted, su gobierno y su partido han sacado provecho. La guerra contra criminales tan sanguinarios, que no puede menos que concitar el apoyo de los ciudadanos decentes, le ha servido tanto para obtener una legitimidad de la que carece de origen como para ganar en el mundo presencia y prestigio. Han usado usted y su partido, sin ningún pudor y como parte de su arsenal electoral, por otro lado, la polarización que el conflicto genera, para descalificar a sus adversarios políticos asociándoles directa o veladamente con el narco.
Como muchos, no se equivoque que no va mi argumentación por ese lado, estoy convencido de que no podemos los mexicanos ni negociar, ni rendirnos ante los capos del narcotráfico y que por tanto en el ejercicio de sus atribuciones constitucionales toca al Estado impedir que sienten sus reales a lo largo y ancho del territorio nacional. Sé también que en tanto Washington no modifique su hipócrita política de tolerancia al consumo y criminalización del tráfico fuera de sus fronteras estamos condenados a seguir pagando con sangre y muerte las grapas de cocaína que ciudadanos en Nueva York, Chicago o Los Ángeles consumen cada noche. Consciente de que del norte nos llegan dólares y armas no creo, como usted, que sea pidiendo a Washington más dólares y más armas que encontraremos la paz.
¡Es un Honor Estar con Obrador!
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