La impopularidad que en tiempo récord ganó Agustín Carstens se debió en parte a una serie de desafortunadas declaraciones. Inolvidables, las del catarrito y la persecución de los sacadólares. Su remplazo en la Secretaría de Hacienda, Ernesto Cordero, al defender el cobro del impuesto sobre la renta a las pensiones que sobrepasan los nueve salarios mínimos, argumenta que también lo están aplicando a los ex presidentes. Es una buena noticia. Sin embargo, no pueden compararse las de Salinas de Gortari, Echeverría, De la Madrid, Zedillo, Fox y la viuda de López Portillo con la de un trabajador común que necesitó laborar más de 30 años para ganarse un dinero modesto para el retiro. Fox obtuvo su megapensión después de sólo 13 años de trabajo –de algún modo hay que llamarlo–, y habría que descontar los seis que dejó encargado el despacho mientras andaba en campaña en la República y en el extranjero. Estuvo en la nómina oficial tres años de diputado, cuatro de gobernador y seis en Los Pinos, ¡y seguirá chupando del presupuesto por el resto de sus días! Y si palma antes, la señora Marta recibiendo el dinero. ¿Verdad que no es lo mismo?
¡Es un Honor Estar con Obrador!
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