La Costumbre del Poder
Gregorio Ortega Molina
January 28, 2010
Carlos Pascual, embajador de Estados Unidos en México, sí sabe lo que hace. Por lo pronto perfila una de las características que ha de tener el sucesor de Felipe Calderón, presidente constitucional, para lograr hacerse con la silla: escuchar los consejos del Departamento de Estado y atender a los intereses de la Casa Blanca.
Fue específico durante su asistencia a la reunión de embajadores de su país efectuada en Washington. A la prensa mexicana dijo, con todas sus letras: “He hablado con representantes de los tres partidos políticos principales y todos reafirman que esta lucha contra los narcotraficantes tiene que seguir; vamos a ver debates políticos sobre tácticas y maneras de diseñar la estrategia (antinarco) y eso es justo. En cualquier lugar debe haber un debate político sobre las maneras más efectivas de conducir la política pública”, declaraciones referidas a lo que se espera para la contienda política de 2012.
El físico, la actitud y las palabras trajeron a la memoria las imágenes de los embajadores de Estados Unidos en México más injerencistas durante el siglo XX. Las ejecuciones de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez no hubiesen sido posibles sin los buenos oficios de Henry Lane Wilson, quien reunió en su despacho a Félix Díaz y Victoriano Huerta para firmar el Pacto de la Embajada, el acuerdo de la traición, solapado por el gobierno estadounidense, pues no creo que el embajador Wilson haya dicho esta boca es mía sin antes pedir autorización al Departamento de Estado.
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