No es casualidad que las presiones sobre Felipe Calderón se concentren en el campo de las reformas energéticas. Y no lo es porque es allí en donde se concentra la verdadera lucha política. Porque es en el petróleo, en Pemex y en todo lo que de esta mágica empresa deriva, en donde se generan los grandes recursos financieros públicos del país. Pero tampoco hay que olvidar que es el campo petrolero la causa de los grandes enconos entre los viejos y nuevos políticos del PRI —y sus movimientos derivados como el PRD— así como del viejo y nuevo panismo.
Por eso es que Andrés Manuel López Obrador, tan pronto como se dio cuenta de que su “presidencia legítima” caminaba al fracaso advirtió primero, una y otra vez, que él y su movimiento se opondrán a cualquier intento de Calderón de privatizar o disfrazar cualquier viso de privatización de los activos petroleros bajo el manto de las reformas energéticas.
El mensaje fue entendido rápidamente y tanto Calderón como sus asesores desmintieron estas intenciones, especialmente cuando La Jornada publicó a ocho columnas, el pasado 25 de septiembre, que los asesores de Calderón se habían reunido “secretamente” en Canadá con funcionarios de empresas petroleras y del gobierno estadounidense para, entre otras cosas, “crear una zona segura de abasto de petróleo para la economía de Washington”.
La arena de la disputa está delimitada. Felipe Calderón está evaluando la conveniencia de ir con todo a sacar, en su primera acción de gobierno, una reforma energética que, sin tocar la propiedad estatal de Pemex, sí la modernice a partir de la inyección de capitales privados. De allí los gritos y sombrerazos. La evaluación fina es si Calderón tiene el capital político para sufragar el gasto.
COMENTARIO: Independientemente de si Calderón tiene el capital político o no, el hecho indiscutible es que no se les puede permitir seguir con el desmantelamiento del Estado a estos individuos que sólo pregonan de dientes para afuera el respeto a las instituciones. De la posesión de parte del estado del mercado energético pasa la capacidad de financiar la construcción de la infrastructura nesesaria para sacar el país adelante, pero los neopanistas y priístas están más preocupados por quedar bien con el capital extranjero que con los que les pagamos sus exagerados sueldos. El mencionar que PEMEX necesita capital privado para modernizarse cuando se tiene la experiencia que el enorme tesoro que ingresó a las arcas federales se desperdició en estupideces en lugar de modernizar la empresa, indica que no se necesita capital privado, se necesita una administración pública honesta, eficaz y eficiente que no se ha tenido con el gobierno foxista ni se tendrá con Calderón.
Por eso es que Andrés Manuel López Obrador, tan pronto como se dio cuenta de que su “presidencia legítima” caminaba al fracaso advirtió primero, una y otra vez, que él y su movimiento se opondrán a cualquier intento de Calderón de privatizar o disfrazar cualquier viso de privatización de los activos petroleros bajo el manto de las reformas energéticas.
El mensaje fue entendido rápidamente y tanto Calderón como sus asesores desmintieron estas intenciones, especialmente cuando La Jornada publicó a ocho columnas, el pasado 25 de septiembre, que los asesores de Calderón se habían reunido “secretamente” en Canadá con funcionarios de empresas petroleras y del gobierno estadounidense para, entre otras cosas, “crear una zona segura de abasto de petróleo para la economía de Washington”.
La arena de la disputa está delimitada. Felipe Calderón está evaluando la conveniencia de ir con todo a sacar, en su primera acción de gobierno, una reforma energética que, sin tocar la propiedad estatal de Pemex, sí la modernice a partir de la inyección de capitales privados. De allí los gritos y sombrerazos. La evaluación fina es si Calderón tiene el capital político para sufragar el gasto.
COMENTARIO: Independientemente de si Calderón tiene el capital político o no, el hecho indiscutible es que no se les puede permitir seguir con el desmantelamiento del Estado a estos individuos que sólo pregonan de dientes para afuera el respeto a las instituciones. De la posesión de parte del estado del mercado energético pasa la capacidad de financiar la construcción de la infrastructura nesesaria para sacar el país adelante, pero los neopanistas y priístas están más preocupados por quedar bien con el capital extranjero que con los que les pagamos sus exagerados sueldos. El mencionar que PEMEX necesita capital privado para modernizarse cuando se tiene la experiencia que el enorme tesoro que ingresó a las arcas federales se desperdició en estupideces en lugar de modernizar la empresa, indica que no se necesita capital privado, se necesita una administración pública honesta, eficaz y eficiente que no se ha tenido con el gobierno foxista ni se tendrá con Calderón.
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