Entre las infinitas estampas del siempre renovable y nunca inmarcesible país surrealista (kafkiano, diría Slim) que habitamos, está la elevación de un priista despechado a santo de la democracia, proclamación que no han hecho los priistas, sino los damnificados históricos del PRI-Gobierno: el PAN y hasta líderes y militantes de la izquierda (con y sin comillas). Ese supuesto patrono del sufragio efectivo no es otro que el finado líder empresarial Manuel J. Clouthier, de quien hace un par de días se cumplió el décimo séptimo aniversario de su muerte, acaecida en un accidente carretero. En sentido estricto, el apodado Maquío tiene méritos más que suficientes para estar en el altar de los neopanistas, es decir, de los panistas súbitos, quienes, siguiendo los pasos del sinaloense, oportunamente se subieron al carro azul y hasta acabaron adueñándose del volante, como pueden dar testimonio muchos jaliscienses (Alberto Cárdenas Jiménez, entre ellos), chilango-tapatíos (César Coll Carabias), guanajuatenses (comenzando por un tal Vicente Fox) y de otros rumbos del país.
¿Fue una casualidad que el primer prócer de los gobiernos panistas de Jalisco haya sido él, a quien se le dedicó una estatua en bronce en la avenida Cordilleras, que cambió su nombre por el de Manuel J. Clouthier? Durante la mayor parte de su vida, el héroe del neopanismo fue militante del antidemocrático PRI, del que se separó pocos años antes de su muerte, por causas que nada tenían que ver con la democracia: porque no pudo ser el candidato a la alcaldía de Culiacán (se lo impidió el entonces gobernador de Sinaloa, Antonio Toledo Corro) y por la estatización de la banca, decretada por José López Portillo. Fue entonces que Maquío tomó distancia del PRI y, en 1986, aceptó que el PAN lo postulara candidato al gobierno de Sinaloa (contienda que perdió contra el priista Francisco Labastida Ochoa) y, un año después, candidato a la Presidencia de la República, en los dudosos comicios en que Carlos Salinas ganó a Cuahtémoc Cárdenas y Clouthier se fue hasta el tercer lugar.
Pero lo más insólito del caso es que hasta los enemigos de clase (la “izquierda” leal a AMLO) lo tomó como bandera de la “democracia” y de la “resistencia civil pacífica”, colocándole moños y haciendo guardias de honor in situ, en el monumento que Daniel Ituarte, cuando fue alcalde de Zapopan, erigiera a quien encarnó al “México de los privilegiados”, tan vituperado por la pejetropas. ¿Quién dijo que el nuestro era y es un país serio?
COMENTARIO: Si bien los datos históricos sobre "Maquío" son todos ciertos, también es cierto que a Clouthier se le recuerda más por su campaña de resistencia -que débil o simulada, fue más que la que opuso Cuauhtémoc Cárdenas - en contra del fraude electoral. Esa acción y el contraste con la actitud enregista del candidato al que se arrebató el triunfo, fue suficiente para sacar a la izquierda del FDN de la mayoría de las preferencias electorales y darle la coartada al neopanismo para negociar con Salinas.
Para bien o para mal, en el momento decisivo Clouthier tuvo el valor de denunciar a Salinas y con eso creó el mito que todavía perdura como el gran luchador de la democracia. Habría que ver si es preferible sacrificar ese mito que mueve todavía a millones en este país a luchar por la democracia en aras de la exactitud histórica.
¿Fue una casualidad que el primer prócer de los gobiernos panistas de Jalisco haya sido él, a quien se le dedicó una estatua en bronce en la avenida Cordilleras, que cambió su nombre por el de Manuel J. Clouthier? Durante la mayor parte de su vida, el héroe del neopanismo fue militante del antidemocrático PRI, del que se separó pocos años antes de su muerte, por causas que nada tenían que ver con la democracia: porque no pudo ser el candidato a la alcaldía de Culiacán (se lo impidió el entonces gobernador de Sinaloa, Antonio Toledo Corro) y por la estatización de la banca, decretada por José López Portillo. Fue entonces que Maquío tomó distancia del PRI y, en 1986, aceptó que el PAN lo postulara candidato al gobierno de Sinaloa (contienda que perdió contra el priista Francisco Labastida Ochoa) y, un año después, candidato a la Presidencia de la República, en los dudosos comicios en que Carlos Salinas ganó a Cuahtémoc Cárdenas y Clouthier se fue hasta el tercer lugar.
Pero lo más insólito del caso es que hasta los enemigos de clase (la “izquierda” leal a AMLO) lo tomó como bandera de la “democracia” y de la “resistencia civil pacífica”, colocándole moños y haciendo guardias de honor in situ, en el monumento que Daniel Ituarte, cuando fue alcalde de Zapopan, erigiera a quien encarnó al “México de los privilegiados”, tan vituperado por la pejetropas. ¿Quién dijo que el nuestro era y es un país serio?
COMENTARIO: Si bien los datos históricos sobre "Maquío" son todos ciertos, también es cierto que a Clouthier se le recuerda más por su campaña de resistencia -que débil o simulada, fue más que la que opuso Cuauhtémoc Cárdenas - en contra del fraude electoral. Esa acción y el contraste con la actitud enregista del candidato al que se arrebató el triunfo, fue suficiente para sacar a la izquierda del FDN de la mayoría de las preferencias electorales y darle la coartada al neopanismo para negociar con Salinas.
Para bien o para mal, en el momento decisivo Clouthier tuvo el valor de denunciar a Salinas y con eso creó el mito que todavía perdura como el gran luchador de la democracia. Habría que ver si es preferible sacrificar ese mito que mueve todavía a millones en este país a luchar por la democracia en aras de la exactitud histórica.
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