3 de octubre de 2006

BLOGOTITLAN:LA MASACRE DE TLATELOLCO

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LA MASACRE DE TLATELOLCO

Hoy, casi 40 años después, la memoria de esa masacre continúa fresca y ya nadie discute que el movimiento estudiantil de 1968 constituyó un parteaguas en México.
LA MASACRE DE TLATELOLCO

Eran las 6:10 p.m. en esa tarde del 2 de Octubre en Tlatelolco. Verdes luces de bengala fueron la señal del inicio de lo que se conoce como La Masacre de Tlatelolco.

Helicópteros de la policía abrieron fuego desde arriba contra la multitud reunida en la plaza en protesta contra el régimen encabezado entonces por Gustavo Díaz Ordaz. El Batallón Ollimpia, supuestamente creado para guardar el orden en las Olimpiadas a celebrarse en unos días más, inmediatamente agredió a los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga, líderes del movimiento estudiantil, quienes se encontraban en un balcón en el edificio Chihuahua; la policía golpeó a los oradores y forzó a muchos de ellos a caminar hacia la línea de fuego.

Otros miembros del ´Batallón Olimpia y policías o militares vestidos de civil e identificados con guantes blancos, comenzaron a disparar hacia la multitud desde el balcón.

Estos policías provocadores -posteriormente se supo que eran miembros de Guardias Presidenciales, no del ejército mexicano regular- no solo aterrorizaron y asesinaron a mansalva a la gente, sino que actuaron como francotiradores contra el Ejército Mexicano quien repelió la agresión; en los días siguientes, el gobierno y los medios de información se dedicaron a difundir que habían sido estudiantes quienes habían disparado contra la tropa y la multitud iniciando la masacre.

Alguien dió la orden de ataque a los soldados, quienes a bayoneta calada, comenzaron a avanzar en contra de la multitud desde dos lados, mientras ametralladoras barrían a la gente que corría empavorecida. Oleadas de gente corría de un lado al otro solo para encontrarse con más fuego para obligarles a replegarse hacia la tropa.

Las autopsias mostraron que la mayor parte de los muertos habían sido balaceados por la espalda a corta distancia o acribillados a bayonetazos.

Cientos buscaron refugio en la iglesia de la plaza, rogándole a los curas les dejaran entrar. Pero las puertas jamás se abrieron porque el alto clero católico había ordenado a los sacerdotes a no permitir que los manifestantes entraran.

Los tanques abrieron fuego contra el edificio Chihuahua, y los primeros tres pisos se incendiaron. Fueron tantas las balas que impactaron el edificio que las tuberías y los calentadores de agua reventaran. El fuego intenso duró entre 60 y 90 minutos, y continuaron esporádicamente hasta el amanecer.

Al día siguiente, la propaganda oficialista inundó los medios quienes, salvo el periódico Excélsior de Juio Scherer, se cubrieron de oprobio y abyectamente arrojaron la culpa a los estudiantes. La desinformación en México fue casi absoluta, aunque medios extranjeros sí difundieron escenas dantescas así como la verdadera información. Oriana Fallaci, reportera italiana de prestigio mundial recientemente fallecida, fue herida en la refriega y fue testigo presencial de calidad que ayudó a refutar las versiones oficialistas.

Elena Poniatowska publicó su libro "La Noche de Tlatelolco" donde recoge documentación gráfica y oral de primera mano, y logró alertar las conciencias de numerosos mexicanos hacia lo que realmente había sucedido en esa trágica noche.

Años después, Carlos Monsiváis y Julio Scherer publicaron un libro donde, las revelaciones de las memorias del General Marcelino García Barragán, quien fungía en aquel entonces como Secretario de la Defensa, descubren cómo todo fue fraguado desde la Secretaría de Gobernación con apoyo del alto mando de Guardias Presidenciales, orientado a llevar a la Presidencia de la República a Luis Echeverría Alvarez, quien logrado su propósito, dos años después, ya candidato del PRI a la Presidencia, pidiera hipócritamente un minuto de silencio para los estudiantes caídos en 1968 en un evento en la Universidad Nicolaíta de Morelia, entonces presidida por Eli de Gortari, tío de Carlos Salinas de Gortari.

Hoy, casi 40 años después, la memoria de esa masacre continúa fresca y ya nadie discute que el movimiento estudiantil de 1968 constituyó un parteaguas en México, tanto en lo social como en lo político.

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