ESCRIBE MARIO GALVEZ:
Del ser y el parecer
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De visita privada (asiste a un bautizo) hoy estará en Torreón el presidente electo Felipe Calderón, primera que realiza en calidad de tal.
No deja de llamar la atención que en una situación política tan convulsa como la que existe en el país y en particular en estados como Oaxaca, Calderón se tome el tiempo necesario para atender situaciones de carácter social.
Sin embargo, ayer se reunió con el exgobernador de Oaxaca Diódoro Carrasco, quien dejó el PRI para ser postulado como diputado por el PAN, y el exbanquero, Roberto Hernández, exdueño de Banamex, para analizar el conflicto y sus posibles salidas.
Como es de todos conocido Hernández no pagó un solo centavo al fisco por la venta del banco, no obstante haber sido la transacción más cuantiosa en la historia del país:
más de 12 mil millones de dólares. Además, fue reiteradamente acusado por López Obrador de llevar a cabo una intensa campaña en su contra durante el proceso electoral.
La falta de oficio y de sensibilidad política de Calderón quedó así en evidencia.
¿Qué visión de las cosas en Oaxaca pudieran ofrecerle al presidente electo ambos personajes -Carrasco y Hernández? Cualquiera, menos la de los actores principales.
Además, el hecho de que el exbanquero sea tomado en cuenta para sopesar cuestiones de carácter político sólo exhibe la falta de interlocutores válidos que tiene el panista en el conflicto oaxaqueño, amén de que con ello se envía un claro mensaje de hostilidad al PRD y con ello se ponen más piedras en el camino, como si fueran necesarias más, para un eventual acercamiento con dicho partido.
Calderón no convence, pues la iniciativa política la siguen teniendo López Obrador, por un lado, y Fox, por el otro.
Jamás un presidente electo había exhibido tal debilidad política.
Calderón no parece presidente electo, ni actúa como tal, pues a menos de 100 días del cambio de gobierno Fox sigue haciendo de las suyas -exonerando por anticipado a sus hijastros de los cargos de corrupción- sin que haya tenido hasta el momento siquiera un aviso en sentido contrario de parte de Calderón.
Da la impresión de que éste sigue teniendo a Fox como su jefe; le ha dejado toda la iniciativa política a sabiendas que más temprano que tarde él habrá de cargar con las consecuencias de los desplantes foxistas.
Raymundo Rivapalacio describía ayer así la situación de Calderón:
“Para ser presidente, también hay que parecerlo.
Cuando ni se parece, ni se actúa como un hombre a cargo de su destino, aun en el periodo de presidente electo, lo que resulta de ese potaje es un Felipe Calderón.
En este momento de crisis política y un largo horizonte de conflicto, quien se supone dirigirá el destino nacional hasta el 2012, no parece encontrarse en su plenitud... ¿Podrá gobernar?.
Si no hay un cambio radical, corre el riesgo de llegar a la Presidencia con una debilidad por cuanto a poder que no se comparará siquiera con aquella, por la sombra de fraude, que persiguió a Carlos Salinas durante el arranque de su Presidencia.
Esta semana, que se comenzó a reunir con el gabinete político y de seguridad del país, su equipo cercano reforzó sus intentos por establecer puentes políticos con la oposición.
El resultado fue patético.
En las dos últimas semanas le ha llovido a Calderón desde adentro, con un intento de sometimiento por parte de Vicente Fox, y desde afuera, donde a quienes responsabilizó de los enlaces políticos sencillamente naufragaron.”
Y conste, apenas es el principio.
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