19 de septiembre de 2006

NOS ESCRIBE SAM GARCIA:

Saludos al Sendero de FECAL, la neta ps escribi lo mejor que pude este relato final de esta primera etapa de la lucha que estamos haciendo, animo y ps a seguirle dando...

::: NUNCA TANTO AMOR TUVO LUGAR EN LA CIUDAD DE LA ESPERANZA ::: Relato Final

Hago la entrega final del relato de esta primera etapa que ha concluido, en la lucha por la transformación de México. El día 16 de septiembre ha marcado mi vida y la de muchos, va un esfuerzo por transmitir parte de lo que sentí en esa oportunidad.


"Y no pudo contener sus lágrimas, el azul que te ve con cariño, sí, al cielo le emocionó saber que aquí estas y que no te irás"


Dieciséis de septiembre del 2006. Un mes de la patria en el año del fraude, en el año de la caída de Foxilandia, de la imposición Fecalera y del presidente legítimo respaldado por la CND. Unas horas antes luego de un grito inédito, luego de haber quedado conmovido por ver Reforma sin espíritu, sí, la avenida Reforma sin espíritu, dirigía mis pasos al Zócalo capitalino. Allí los niños heredando las tradiciones pero ya en tiempos distintos seguían gritando el clásico ¡Viva México!

Siguen sonando las cornetas, los silbatos y los corazones de miles de mexicanos a favor de un solo hombre. Al día del desfile militar, un desfile sin sabor, que solo tuvo como brillo las cartulinas que mostraban repudio al traidor de la democracia, hay que sumarle la imagen abstracta del hombre al que le robaron la pasada elección presidencial. He ahí a su gente, he ahí al México unido y movido a la transformación del país. Y allí justo a las 3 de la madrugada estaba rogando a Dios tuviera misericordia de nuestras faltas y nos dejara escribir una nueva historia para el país, una historia viva.

Sentado como si estuviera en mi hogar, mirando las luces que adornaban toda la Plaza de la Constitución, sintiendo un fuego en el interior que me trasladaba de nuevo a todas y cada una de las Asambleas Informativas donde estuve presente. Sí, la ciudad de la esperanza ya no lucía igual que con el plantón, ya no podías ver los rostros de alegría, de convivencia, de unidad, no los mirabas físicamente, pero si los sentías y sientes aún al latir el corazón.

Llegaban las pruebas de sonido, los efectivos del ejército como debe ser, en disciplina y con escoba en mano barrían al parejo la plancha del Zócalo para preparar el desfile. Pero, ¿qué me importaba el desfile? ¡Realmente poco, solo quería que 12 horas pasaran y ya fueran las 3 de la tarde para ver iniciada la Convención!

Pasadas las 4 de la mañana caminaba por Madero para llegar al Eje Central, el único a esas horas que portaba con orgullo el gafete de convencionista. El taxi que abordaba me llevaba a casa, solo para descansar un poco, pues la Convención era una cita a la cual no podía faltar, es una cita con el país, con su gente, con su cultura y con este nuevo ingrediente a la historia. El día 16 ya no solo será recordado como la noche después del grito, sino como el día de la Convención Nacional Democrática del 2006.

En algunas calles otros convencionistas dormían, así, en plena calle y solo cobijándose de esperanza. Una vez más se estremeció mi ser, porque recordé todas las escenas cuando también acampe y familias enteras estaban tendidas entre cobijas y el concreto del suelo de las calles del centro histórico. ¡Si eso es locura preferible vivir así, que ser un muerto en vida! Al llegar a casa en realidad no pude dormir, ni contener el llanto y vaya que son meses enteros los que tenía sin llorar. Esta vez miraba en mi imaginación que ya no más Juárez, Madero y Reforma volverían a hospedar a todas las delegaciones del Distrito Federal y a todos los estados de la República como a una sola familia.

Recordaba de las primeras Asambleas el testimonio de las pequeñas de 3 y 5 años, que la mayor decía "gracias a López Obrador porque se curó el dedito de mi hermanita", esa pequeña de 3 años con ayuda de su hermana nos explicaba que fue posible que se operara el dedo que se había "enfermado" y "gracias a Obrador no nos costo ni un peso". También recordé el testimonio de un campesino que llorando nos decía que perdió toda su juventud en el campo y que nunca ha recibido la justa paga por sus cosechas, pero que veía hoy no en solo el Peje, SINO EN TODOS LOS MEXICANOS LA OPORTUNIDAD DE ACABAR CON LAS INJUSTICIAS. Y que decir del compartir los alimentos, comer juntos, charlar juntos, supe de todos los estados algo nuevo y diferente en cada conversación, allí no habían grandes y chicos habíamos sedientos de justicia.

Y como olvidar los gritos y consignas de esas Asambleas surgidos, como el "Señora Hinojosa porque parió y cagó esa cosa", el canto que a los niños contagió: "Felipillo, Felipillo donde estas, donde estas...", igualmente la consolidación del "no estas solo" y "Andrés aguanta el pueblo se levanta". Hay que agregar el "Andrés amigo el pueblo esta contigo", el sello más reciente surgido el 1 de septiembre de un muchacho vecino del Congreso de San Lázaro que atrás de donde me ubicaba desató el "Es un honor estar con Obrador". Ese día recuerdo que el himno lo comenzamos a entonar cuando apretaba la lluvia y la lluvia se detuvo. Y claro hablando de lluvias el también surgido: "Ni la lluvia, ni el viento detienen al movimiento", el "Llueve y llueve y el pueblo no se mueve".


"Y al final te ataré con todas mis fuerzas, mis brazos serán cuerdas al bailar este vals... y al final quiero verte de nuevo contenta, sigue dando vuelta ¡sí, aguantas de pie!"


Y justamente en la Convención se volverían a repetir muchos de los ingredientes de todas las Asambleas anteriores, los niños y sus padres, desde el monumento de la Revolución en las mesas interviniendo como lo había anticipado: EL DESFILE DE LA SABIDURÍA DEL PUEBLO. Los niños con todo y su inocencia clamaban, lo que durante 49 días que se me fueron en un abrir y cerrar de ojos, ¡Presidente, Presidente! Y así fue como quedo hecho a las 6:30 pm ya en el Zócalo capitalino, cuando ese hombre de la mirada serena, de paz y tranquilidad, una vez más, tragaría saliva para no imitar al cielo que horas antes había llorado para mojar la plancha del Zócalo.

Otra vez las propuestas, otra vez el aprobar o rechazar, otra vez interactuar con el pueblo, una vez más la democracia y una vez más un grito: "Esta si es democracia, con güevos Obrador". Había de todo como siempre a las 7 pm de cada día en la semana, de cada domingo a las 11 am, niños, adolescentes, jóvenes, mujeres y hombres libres. Algunos de provincia con sus acentos bien identificados, con el color de piel distintos unos de otros, algunos de Convergencia, otros del PT, una mayoría del PRD, pero todos con la única visión de un México distinto al de hoy. Así también quedó visto cuando pude conocer a bloggeros sensacionales a favor de la democracia.

Allí todavía sin asimilarlo del todo fue que comenzamos a edificar la nueva República, hemos hecho sonreír a Benito Juárez donde quiera que él este, hemos hecho estallar de emoción a todos los héroes revolucionaros, hemos sembrado en tierra fértil y muy pronto veremos el fruto de cada uno de nuestros esfuerzos. Cada juego de ajedrez, de dominó, cada video de Mandoki, cada dibujo, cada cartel o cartulina improvisados, cada manualidad, cada muñeco y cada canción se resumieron desde las 3 pm hasta las 7:30 pm que fue cuando terminó la Convención.

Los adversarios apostaban a que la plancha no se llenaría, los medios calculaban menos de 800, 000 delegados y la realidad fue otra, al menos para mi fuimos más de 1 millón 300 mil personas. La esperanza en los mexicanos no muere, así como pasan los días, así aumenta nuestra fuerza, como he sostenido muy seguido, AÚN LAS DERROTAS SE PUEDEN TRADUCIR EN VICTORIAS. Sí, ya hay presidente electo, pero no es legítimo, si ya hay una imposición, pero también hay una resistencia y está durará el tiempo que sea necesario para que tengamos un país en paz de verdad.

Cuando por la lluvia se retraso el comienzo de la Convención busque donde refugiarme, no tanto por mi, sino por la dama que me acompañaba, una gran amiga que no pudo evitar también llorar de emoción. Sus padres la limitaban y solo pudo ir a no más de 5 asambleas, pero fue a la última que valió la pena el resistir no poder asistir a anteriores. Recordé los dos resfriados que vinieron luego de que en agosto dos veces nos cayera el cielo encima y a falta de paraguas e impermeable tuvimos que aguantar ahí en primera fila, para luego escuchar a Obrador.

Aún tengo presente que ese hombre el día que más cerca estuve de él, sonrió miró hacia mi, cerro un ojo se acerco y señalo para levantar su pulgar y decir, así leía en sus labios: gracias. Y fiel a casa asamblea, así en la Convención gritaba: al contrario Peje gracias a ti por existir, Dios te bendiga. Y así puedo seguir, detallando cada segundo y cada vivencia de esta Convención, de todas las Asambleas y el tiempo me faltaría para concluir.

Lo único que se es que a mis 23 años ya no tengo temor a nada, ni a nadie, porque se que hay un grupo bello de humanos que pueden impulsar un cambio real, que respaldan. Que hay un mentor a distancia llamado López Obrador, que con o sin presidencia es líder de nuestro movimiento. Y tengo la seguridad que mi Pejepolis no está tan lejos de volver a respirar la democracia, porque los autores, los que la hemos de ver resurgir, seremos nostros, los mismos del plantón, los que unos llaman "nacos", "chusma" y "renegados". A esta edad quizás en otro lugar estaría perdido, enajenado y olvidado, hoy soy alguien y tengo un país al cual amo y es gran parte de mi razón de ser.

Nunca tanto amor tuvo lugar en la ciudad de la esperanza, no se cuando vuelva a ver señores y señoras de la tercera edad con tanto ánimo respaldar a un líder, no se cuando volveré a ver tan unidos al IPN y la UNAM, junto a otras universidades por una sola causa. No se cuando indígenas, campesinos, gente de la ciudad podremos volvernos a fundir en un abrazo sincero sin importar nuestras diferencias, no se cuando vuelvan a pensar que POR EL BIEN DE TODOS, PRIMERO LOS POBRES.

Una cosa si tengo presente, este capítulo que ha terminado antecede a otro que será escrito con la misma pasión, la misma emoción y fuerza que el que hemos visto pasar. Siempre será necesario tener por bandera que de la mano de la razón llevaremos el corazón...


Lo dijo Andrés Manuel: ¡amor con amor se paga!


¿Cómo vas a pagarle este esfuerzo a los mexicanos que defendemos la democracia de todos?


¡Es un honor ser mexicano, es un honor estar con Obrador!


¡Se ve, se siente, tenemos presidente!


¡Viva México!


¡Viva la Convención Nacional Democrática!


¡Viva Andrés Manuel López Obrador!

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