19 de septiembre de 2006

FEDERICO CAMPBELL:EL FRAUDE PERFECTO

NOS ESCRIBE URRATEMAI:

El fraude perfecto
Federico Campbell

A Arturo Cantú,
in memoriam



Cuando voy al banco el cajero cuenta los billetes que
me da. Luego, antes de entregármelos, los vuelve a
contar. Yo hago lo mismo: por lo menos los cuento una
vez en su presencia antes de retirarme de la
ventanilla. Si soy supersticioso u obsesivo compulsivo
los vuelvo a contar, aunque se impacienten quienes me
preceden en la fila.
Esta claridad de ventanilla bancaria no la tuvimos
en las elecciones. Por ahí se nos regateó algo. No se
quiso contar los votos en su totalidad y muchos
mexicanos —no todos: sólo unos quince millones— nos
sentimos estafados. De pronto el honorable Tribunal
accedió a revisar un porcentaje muy reducido de las
urnas (unas 12 mil casillas) y encontró allí
“irregularidades”, boletas de más, boletas de menos,
boletas marcadas y sin doblar, pero argumentó que esos
indicios no alteraban los resultados de la elección en
su conjunto. Resolvió a discreción, a criterio, como
hacen todos los jueces. No se fueron por la lógica de
que “como muestra basta un botón” o el criterio que
por lo general se aplica en estadística o en los
cálculos de resistencia de un puente. Decidieron dar
el todo por una parte, en mala lógica o en una muy
curiosa lógica malintencionada.
Arguyeron los muy honorables jueces del Trife que si
bien se dio una guerra sucia mediática por parte del
PAN al final no encontraron elementos para demostrar
que esa guerra de mentiras tácticasa afectó a López
Obrador. En otro párrafo, a partir de una opinión más
política que jurídica, infirieron que el no asistir al
primer debate le restó puntos a López Obrador. Luego
de un leve regaño para taparle el ojo al macho
justificaron la ilegal intromisión de Fox en la
campaña porque accedió a una acuerdo de neutralidad y
a la tregua de Navidad.
A lo largo de dos años una concatenación de apoyos
—que culminaría con el aval del Trife— fue
estableciendo una ventaja por parte de la Presidencia
de la República y de organismos empresariales a favor
del PAN, reforzada con la simpatía de los medios de
comunicación audiovisuales (Televisa agracece la ley
de medios que le consiguió el PAN) y de un IFE que
obraba de manera pasiva: no frenó, mucho menos al
final, las campañas infundadas de odio y difamación.
El argumento estrella de quienes suponen la
imposibilidad del fraude es que 900 mil ciudadanos no
pudieron haberse puesto de acuerdo para un fraude
“orquestado” o “maquinado” en las casillas, cuando a
muchos les consta que el IFE se las hizo de tos a no
pocos ciudadanos previamente seleccionados para
sustituirlos por otros entre los que no faltaron los
agentes de E. E. Gordillo que no carecían de
experiencia como alquimistas electorales. Lo no
“maquinado” o no “orquestado” no excluye la
posibilidad del fraude sin adjetivos, puro y simple,
el fraude hormiga que iría quitando uno o dos votos
aquí y allá hasta abonar una suma significativa para
el atraco.
Si en una casilla se recibieron 50 boletas y sólo
votaron 250 ciudadanos debieron quedar 250 boletas
sobrantes, pero resulta que eso no ocurrió en 7 mil
532 casillas del recuento, es decir, en el 65 por
ciento. Si por otra parte votaron 500 ciudadanos este
número debería ser igual al de los votos emitidos,
pero resulta que en 8 mil 428 casillas del recuento no
sucedió así: en el 72 por ciento.
Para los magistrados este conjunto de datos se
convirtió en un punto ciego. No lo vieron o fingieron
no verlo.
No pudieron sustraerse a las presiones: de los
empresarios, la Presidencia, la Iglesia, la embajada
de Estados Unidos, las empresas de medios de
comunicación. No era fácil. El primer gobierno de la
“transición” no podía pasar a la historia como el que
alcahueteaba sin rubor una democracia fraudulenta.
Porfirio Muñoz Ledo asegura que en la casa de Mariano
Azuela, el de la SCJ, los siete magistrados fueron
intimidados por Fox para que se decidieran a favor de
Calderón.
¿Hacen política los jueces?
En el número 96 de la revista española Claves Juan
Fernando López Aguilar escribe sobre la
judicialización de la política y sostiene que los
jueces encarnan el poder estatal por excelencia.
“En general los jueces se reconocen como exponentes
de opciones político-culturales, dotadas todas ellas
de idéntica legitimidad constitucional, desde las que
inevitablemente leen la realidad y las leyes que
aplican”, dice el magistrado español Perfecto Andrés
Ibáñez,
”Saben que la neutralidad no existe y que la
imparcialidad no es un a priori metafísico ni una
unción religiosa, sino producto del respeto de los
derechos y de las reglas procesales del juego, y muy
en particular producto de la honestidad intelectual,
que desde siempre está reñida con al falsa conciencia
y con el autoengaño”.
La insatisfacción de estas nuevas instancias de
poder y mediación ante los rendimientos de la
responsabilidad política han contribuido también “a
disolver el debate político en pseudodebates
judiciales que prolongan, por descontado, el primero,
al tiempo que convierten al juez en el nuevo augur,
schamann, hombre-medicina de todos los litigios y
contraposiciones de intereses que habrían debido
encontrar una solución pacificadora en el circuito de
la política.
Frágiles, humanos, intimidados, beneficiarios de una
política de muy altos sueldos (a pesar de que en
nómina ganan 166 pesos mensuales, por otros conceptos
acumulan en promedio 381 mil pesos al mes cada uno)
los jueces con su decisión establecieron finalmente el
circuito de la legalidad, pero no el de la
legitimidad.

http:/campbellobo4.blogspot.com/

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