21 de septiembre de 2006

CARICATURA SIN MONITOS:UNA DE PAJARRACOS...

GRACIAS A FRANCISCO POR EL APORTE:

Una de pajarracos..


Caricatura sin Monitos

En la iglesia católica por lo visto, se sigue todo, menos los preceptos divinos. Dios, mando a su hijo a mostrar el camino de la verdad, y fue capaz de sacrificarlo para redimir al ser humano. Al menos eso dicen las sagradas escrituras.

Pero, han sido muchos los señores pertenecientes a esa institución, que se han dedicado a desobedecerlas. Dar algunos ejemplos, sería pasarme toda la mañana escribiendo.

Irónicamente, los jerarcas de la iglesia católica, no aceptan el homosexualismo, lo repudian y lo miran como si fuera un crimen. Cuando es, una orientación de tipo sexual. Crimen, es lo que hacen muchos de los componentes religiosos. Porqué, esconder sus más bajas pasiones en medio de las túnicas de un santo, es además de hipócrita, doloso, pues siempre gozará de la impunidad, gracias a la influencia espiritual que se tiene sobre la víctima.

El que no entienda el grave daño que hacen estos enfermos, a la vida de los pequeños, marcados para siempre, le recuerdo algo que escribí hace no mucho tiempo:

Perdono, pero quiero justicia. Fueron las palabras del moribundo. Pero no de un moribundo cualquiera, sino de un hombre ilustrado, entregado para servir y que llegó a ocupar el máximo puesto a que puede aspirar alguien dedicado a la educación, una rectoría. Estoy refiriéndome, al padre Juan Manuel Fernández Amenábar, que entre otros cargos, fue rector de la Universidad Anáhuac. Él, antes de morir pidió justicia. Le había echado a perder su vida, el pederasta de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, al cual, el Papa Juan Pablo ll, protegió hasta su muerte.

Dice un refrán muy conocido, "Tanto peca, el que mata la vaca, como el que le ata la pata". Así que, si las autoridades en el vaticano, quieren que no huya la gente a otras opciones espirituales, tiene que hacer caso del llamado actual: reformar las instituciones.

Un cura que anda a salto de mata, es como una ave errante. Un príncipe de la iglesia que lo protege, es como un cardenal desorientado.



" ¿Ave errante? ¿Cardenal desorientado? No, simplemente, ¡aberrante! "

Doña Prudencia

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