29 de septiembre de 2006

2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA: NO REPRESIÓN POR LA IMPOSICIÓN

A 38 años de la masacre de estudiantes en Tlatelolco

El 68 rebelde, más vivo que nunca

Por: CGH-HO CHI MINH

Un asalto a la historia

En 1968, cientos de miles de estudiantes mexicanos asaltaron la historia para modificar su rumbo. Frente a los constantes atropellos y humillaciones del gobierno contra el pueblo, decidieron hacerse escuchar, hacerse ver y respetar.

Hoy, cuando el pueblo de México está siendo objeto de un saqueo gigantesco, de arrebatos de sus recursos naturales, de brutales represiones como en San Salvador Atenco, de amenazas de intervención militar contra el pueblo de Oaxaca; hoy, que se concretó un burdo fraude electoral para sentar en la silla presidencial a un espurio neoliberal, ¡tenemos que recuperar esas grandes experiencias de lucha!, ¡tenemos que poner en práctica las enseñanzas que el movimiento estudiantil del 68 dejó para la historia!

A la brutalidad de los de arriba, a su autoritarismo, esos jóvenes rebeldes opusieron su propio poder, su fuerza y su organización. Desde el Consejo Nacional de Huelga (CNH), que decidía democráticamente el rumbo del movimiento en asambleas generales y escuela por escuela, convocaron a los trabajadores, a las amas de casa, a los campesinos, colonos y estudiantes de todo el país, a unirse y luchar por sus derechos, a defenderse juntos de la represión que el gobierno desató contra el movimiento social.

Los medios de comunicación, la iglesia y todo el aparato de estado fue puesto en marcha para crear un clima de linchamiento y deslegitimar la lucha popular, para satanizar a los estudiantes rebeldes, pero no lo lograron. Miles de jóvenes salieron a diario en brigadas informativas, a los camiones, a las plazas, a las fábricas, a los mercados; en donde estuviera el pueblo trabajador, ahí había un estudiante hablando con la gente, repartiendo un volante, pegando un cartel, convocando a los de abajo a solidarizarse y ser parte de esa lucha. Y por supuesto, el pueblo le creyó a los suyos, y no a los medios de comunicación; le creyó al estudiante brigadista y no al gorila Díaz Ordaz.

El 2 de octubre de 1968, el ejército mexicano, encabezado por el Batallón Olimpia, reprimió un mitin del CNH en la Plaza de las Tres Culturas, asesinando a cientos de niños, jóvenes, hombres y mujeres. Este es un hecho ruin y criminal que los estudiantes jamás perdonaremos, y que el pueblo de México no puede olvidar jamás.

A 38 años de distancia, la masacre de Tlatelolco sigue doliendo e indignando, pero el movimiento estudiantil y popular del 68 es mucho más que el 2 de octubre, es mucho más que la represión del Estado. Es también, y sobre todo, una gran experiencia de organización y lucha, de valentía, de entrega. El 68 es el CNH, con sus innovadoras formas de organización y propaganda; es también el redescubrimiento del arte y la cultura. Una nueva forma de ver y pensar el mundo, todo ello es el 68 rebelde.

En la distancia, nos unen las banderas…

Ese Pliego Petitorio del CNH, que convocó a miles de personas a las calles, es aun vigente: Presos Políticos Libertad, Desaparición de los cuerpos represivos, Deslinde de Responsabilidades, Desaparición del delito de “Disolución Social”, Diálogo Público... Esas banderas de ayer, siguen ondeando entre las organizaciones de nuestro pueblo, siguen ondeando en Atenco, en Oaxaca, en la Ciudad de México y en cada rincón de nuestro país donde existe resistencia.

“¡Presos Políticos Libertad!”, gritaban los contingentes, exigiendo la excarcelación de los estudiantes presos por defenderse de las agresiones del gobierno, pero también de los ferrocarrileros y de todos los presos que el gobierno tenía en sus mazmorras por el único delito de luchar contra los privilegios de los de arriba, por un mundo mejor para todos. Ahora, a 38 años, vemos a los dignos campesinos del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), de Atenco, de pié, luchando, sosteniendo ese estandarte que exige libertad. El duro golpe que los gobiernos de Vicente Fox y Peña Nieto les dio, los 3 y 4 de mayo pasados, no los derribó; violaron a decenas de mujeres inocentes, allanaron ilegalmente sus viviendas, encerraron a más de doscientos pobladores y gente solidaria con el movimiento, los golpearon salvajemente, asesinaron a sangre fría a dos jóvenes, Javier Cortés de Atenco, y Alexis Benhuméa de la UNAM, y encima de todo, les aventaron una infame campaña de linchamiento desde los medios de comunicación. Pero ni así lograron su objetivo. Han pasado más de 4 meses y el FPDT sigue de pié, fortaleciéndose. Gracias a esa firmeza y al apoyo de mucha gente en todo el país, más de 150 compañeros están hoy fuera de prisión, y nosotros, los estudiantes y el pueblo, no podemos parar de luchar junto a los dignos campesinos, hasta sacar a los 30 presos políticos de Atenco restantes, tres de los cuales están en el penal de máxima seguridad de “La Palma”, en Almoloya de Juárez. Para ellos, los presos de Atenco, para los de Oaxaca, los Hermanos Cerezo y cientos de presos políticos y de conciencia más, tenemos que seguir sosteniendo esa bandera: ¡Libertad inmediata a los presos por luchar!

“¡Desaparición de los cuerpos represivos!”, era una de las demandas principales del CNH, en particular se exigía la disolución del recién creado Cuerpo de Granaderos, que se dedicaba a reprimir las movilizaciones de los disidentes al régimen. Hoy tenemos que preguntarnos ¿para qué sirve la PFP, sino para lo mismo, para reprimir al pueblo? En Atenco, en Lázaro Cárdenas Michoacán, en Guadalajara, en Chiapas, la Policía Federal Preventiva ha servido para proteger los privilegios de los de arriba, para tratar de acallar las voces que se rebelan. Esta agrupación se estrenó irrumpiendo en la Universidad para romper la huelga del CGH, el 1 y 6 de febrero del año 2000, y desde entonces, estos militares disfrazados de gris se han encargado de sembrar terror, de ser el brazo derecho del gobierno para reprimir el descontento del pueblo, de apresar a luchadores sociales y resguardar las instituciones de los de arriba, como la Cámara de Diputados, de Senadores, Los Pinos o la embajada gringa, que son rodeadas con cientos de pefepos para “protegerse” de las cada vez más numerosas protestas que hay a sus alrededores. Sólo así pueden gobernar, con su PFP, con sus grupos paramilitares, sus porros, golpeadores y provocadores, con su “mano dura”, que el espurio Felipe Calderón tanto reivindicó durante su campaña. Y ya veremos el próximo 1º de diciembre como Calderón sitiará, con esa misma Policía Federal Preventiva, su toma de protesta como presidente de la república, igual que Vicente Fox lo hizo cada vez que intentó imponerle algo al pueblo y para poder dar sus “informes” de gobierno. Por todo ello, los estudiantes de 1968 estarían con nosotros, codo con codo, gritando en cada movilización: “¡Disolución de los cuerpos represivos!... ¡Desaparición de la PFP!”.

Los estudiantes masacrados, los mineros muertos por orden o por negligencia, los indígenas de Acteal, los jóvenes asesinados en Atenco, los caídos en Oaxaca, la compañera Marta Alejandra asesinada durante la huelga universitaria de 1999, todos ellos, nuestros caídos en la lucha, nos hacen falta, y no podemos estar tranquilos hasta que los responsables materiales e intelectuales paguen con la cárcel su crimen. Por eso en 1968 el pueblo exigía el “deslinde de responsabilidades”, para señalar a los asesinos y represores, y que pagaran por sus crímenes, y eso debemos seguir haciendo: señalarlos, señalar a Peña Nieto, a Ulises Ruiz, al genocida Luis Echeverría Alvarez, a Vicente Fox, Calderón y tantos más que están en la lista de los mayores represores de nuestro país. Que se castigue a los verdaderos responsables, no a gente inocente. Si hoy alguien tiene que estar en la cárcel, son los gobernadores del Estado de México y de Oaxaca, no Ignacio Del Valle y los miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). Esencial justicia, es lo que se pedía, que a cada quien se le ponga en el lugar que le corresponde.

Las banderas del CNH han encontrado, por necesidad, nuevas manos que las levanten, y las levantamos con orgullo, seguros que al final la victoria será para los de abajo, para el pueblo.

… Y también las razones

Y no sólo tenemos las demandas, tenemos también las razones. Como ayer, ahí están los medios de comunicación, mintiéndole descaradamente al pueblo, tratando de legitimar la represión y el fraude electoral. Ahí está también la iglesia sometida a los designios de los poderosos, como el cavernal Norberto Ribera, que aun teniendo procesos penales por encubrir a padres pederastas, tiene la cara dura de decir que “debemos reconocer a Calderón” como el presidente legítimo de México. Qué descaro y qué poca vergüenza. ¡Si quiere que lo reconozca él y todos los rastreros de este país!, porque el pueblo está harto de las imposiciones, de soportar presidentes entreguistas y ladrones. ¡Ya no más!

Contra eso, tenemos que hacer como en el 68, crear y contraponer nuestro propio poder, el de los de abajo. Organizarnos y hacerles frente a los saqueadores de nuestra nación, como ahora están haciendo en Oaxaca. Allí, el pueblo y el magisterio están con el puño en alto, defendiendo sus derechos, exigiendo la salida inmediata del gobernador-gorila Ulises Ruiz, pero lo más importante: construyendo el poder de los de abajo, decidiendo y actuando, creando sus propias reglas y sus propios mecanismos para alcanzar la solución a sus demandas más sentidas. Ahí vemos a la APPO, un espacio abierto, donde más de 80 organizaciones sociales y el pueblo de Oaxaca deciden el rumbo de su movimiento, y cuya columna vertebral son los maestros democráticos de base de la sección 22 del SNTE, que se mantienen en paro de labores desde hace meses.

Como el CNH del 68, la APPO y los maestros, desde sus asambleas, con base en la discusión colectiva, van tomando en sus manos el rumbo de su movimiento y del qué hacer cotidiano, haciendo emerger otro tipo de poder, que va surgiendo de los de abajo, contrapuesto y en lucha contra las estructuras burocráticas y arcaicas de los de arriba, que sólo buscan reproducir la injusticia y la opresión de unos cuantos gobernantes y caciques, contra la mayoría del pueblo oaxaqueño. Hoy, ante las bravatas de Ulises Ruiz y del PRI, que amenazan con usar la represión, y de Felipe Calderón que insiste en acabar con ese movimiento social antes de tomar posesión como presidente, todos tenemos la responsabilidad de defender al pueblo oaxaqueño. Una agresión al pueblo digno de Oaxaca será un ataque a todos los de abajo que buscamos un mejor futuro, una mejor sociedad. En este momento miles de integrantes del magisterio y la APPO se dirigen a la Ciudad de México, momento inmejorable para recibirlos con los brazos abiertos y mostrar nuestra solidaridad con su lucha.

Que a 38 años, la rebeldía siga brillando

A 38 años de la masacre, revivamos la esencia de la lucha popular-estudiantil de 1968. Levantemos sus banderas y reflejemos en la actualidad sus objetivos.

Este 2 de octubre es por la caída de Ulises Ruiz, por la libertad de los presos políticos de Atenco, por el castigo a los represores en el gobierno, por el repudio al espurio Felipe Calderón y por la defensa de todos los derechos del pueblo, hoy amenazados.

http://www.argenpress.info/nota.asp?num=034925

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